ADMINISTRACIÓN
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LOS MOSTENSES
ZARZUELA CÓMICA
EN TRES ACTOS, DIVIDIDOS EN NUEVE CUADROS
EN PROSA, ORIGINAL DE
CANTÓ, LUCIO Y ARNICHES
MÚSICA liST,
i
MAESTRO CHAPÍ
CEDACEROS, NÚM. 4, SEGUNDO
] 3
LOS MOSTENSES
Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie podrá,
sin su permiso, reimprimirla ni representarla en Es-
paña y sus posesiones de Ultramar, ni en los países
con los cuales haya celebrados ó se celebren en ade-
lante tratados internacionales de propiedad literaria.
Los autores se reservan el derecho de traducción.
Los comisionados de la Administración Lírico-dra-
mática de DON EDUARDO HIDALGO, son los encar-
gados exclusi'^amente de conceder ó negar el permiso
de representación y del cobro de los derechos de pro-
piedad.
Queda hecho el depósito que marca la ley.
LOS MOSTENSES
ZARZUELA CÓMICA
Efí TRES ACTOS, DIVIDIDOS EN NUEVE CUADROS
KN PROSA, ORIGINAL DK
CANTÓ, LUCIO Y ARNICHES
MÚSICA DEIi
2vd:-¿^ESTi^o ciai.^iE'i
Estrenada en el TEATRO DE LA ZARZUELA la noche del 6
de Diciembre de 1893
MADRID
R. VELASCO, IMPRESOR, RUBIO, 20
1893
REPARTO
PERSONAJES
ACTORES
Lauea = Srta. Soler Di-Franco.
SuPEEioEA. Sra. Toda.
Madke toeneka García.
Madee Mónica , Eosal.
IJesula ". . . , Srta. Sánchez.
Educanda 1.a Pastor.
Ídem 2.a Cros.
Ídem 3.a Cantejo.
Mesoneea Sra. López.
MoLiNEEÁ Srta. Bueno.
Moza 1.a Eodríguez.
Ídem 2.a Bernal.
Ídem 3.a Vega.
Laceeda Sr. Berges.
J»EMANDADEEO Soler.
Baebeeo Guerra.
Maeqüés de la Cein Bueso.
El lego Jimeno.
Mendoza Suárez.
El Mayoedomo Navarro.
Molineeo Peral.
El tío Malasteipas Suárez.
El tío Zoeeo (mesonero) Alvarez (C.)
Ouadbilleeo Sola.
6GS743
Mercadee l.o Sr. Puchol.
Ídem 2.» Rilo.
Estudiante l.o Asensio (A.)
Ídem 2.o Gado.
Ídem 3.o Valle.
Mozo 1.0 Beut.
Ídem 2.o Sanz.
Ídem 3.o Asensio (M.)
Mozas, mozos, mercaderes, cuadrilleros, aldeanos, molineros, monjas,
educandas y estudiantes. Coro general, banda de bandurrias j
guitarras y acompañamiento
Por derecha é izquierda las del actor
Esta obra ha sido dirigida y puesta en escena por D. Miguel"
Soler y concertada por el maestro Sr. López.
Se han estrenado ocho magníficas decoraciones pintadas
por D. Luis IVIurieL
La sastrería ha estado á cargo de la Sra. Viuda de Vila.
ACTO PRIMERO
CUADRO PRIIVIERO
Decoración. Interior de un mesón. A la derecha una escalera que
conduce á un corredor con varios cuartos que hay en el foro.
Junto á la escalera una puerta que se supone da á la cocina. A
la izquierda otra puerta que da á la cuadra. Una mesa larga ro-
deada de banquetas en el mismo lado. Varios sacos apilados al
pié de dicha escalera. Colgados en los postes que sostienen el co-
rredor habrá colleras, cedazos, etc. En distintos sitios hoces, pa-
las, etc. Al fondo y en el centro, un pozo; detrás la tapia que
cerca la casa. Puerta grande, formando chaflán, á la izquierda de
la tapia; junto á la misma un coche-galera con la lanza levan-
tada.
ESCENA PRIMERA
Al levantarse el telón aparecen tres MERCADERES y un CUADRI-
LLERO jugando á las cartas. Un mozo con un jarro de vino en la
mano mirando el juego con atención. Dos arrieros duermen echados
sobre los sacos. Otros cuelgan arreos de caballería en los sitios con-
venientes. Varias mozas, unas apoyadas en la baranda de la escale-
ra y otras en actitud de prestar gran atención en el corredor, frente
á un cuarto en el que se oyen sonidos de guitarras, panderas, can-
to, algazara. El TÍO ZORRO, apoyada la mano en el marco de la
puerta derecha^ oye la algazara con muestras de vivísimo enfado
Música
(Se oye el estribillo de una jota tocada por panderas,
guitarras y bandurrias, Cesa la música y se oyen gri-
tos y palmoteos.)
8 —
Hablado
Zorro (Renegando.) ¡No OS llevarán cinco mil de á
caballo!...
CuAD. Bien se conoce que ha}^ estudiantes y que
el mesón del Zorro ha perdido su tranqui-
lidad.
Mer. 1.0 ¡Mala peste los lleve!
Zorro Afortunadamente, están de jmso; van de va-
caciones y se han entretenido á tomar un
refrigerio; pero todo lo alborotan y todo lo
revuelven. (Despertando á los arrieros.) [Eh, Va-
mos, que j'a es hora!
ESCENA II
DICHOS y MESONERA, saliendo por la puerta de la cocina
Mes.
CuAD.
Mes.
CuAD.
Mer. l.o
Mes.
Zorro
Mer. 1.0
¿Sigue el juego, señores?
¡Hola, tía Alegrías! Mientras que vos no
echáis á perder la fama del apodo, aquí te-
néis á vuestro marido, el buen tío Zorro,
echando pestes contra la Tuna.
¡Los estudiantes!... ¡Pobrecillos! ¡La Tuna!...
¡Cómo me recuerda mi juventud! Vieja soy,
y en cuanto oigo una jota se me cae la
baba.
Y á mí: yo me parezco á. vos, tía Alegrías;
soy viejo, y todavía en cuanto veo una Ta-
na... me iría bailando tras ella. En cambio
al tío Zorro, se ve que no le ponen de buen
humor.
¿Y qué hace esa gente?
Los he dejado templando los instrumentos,
porque iban á ir á la plaza.
¡Así no vuelvan!
Aquí bajan; (se oye ?ran algazara.) Dejeuios el
juego para mejor ocasión, (nejan de jugar.)
— 9
ESCENA III
DICHOS, MOZOS y MOZAS del mesón; los ESTUDIANTES que apa-
recen por el corredor, cou guitarras, flautas, panderas, etc., y bajan
á la escena
Música
EsT. 1.0 Ya que el estudiante,
corriendo la tuna,
sus libros olvida
en la vacación,
cantaremos una
jotita picante,
para despedida
de los del mesón, (siguen tocando.)
Coro ¡Jesús, qué tunantes
son los estudiantes!
¡Qué zaragateros
todos ellos son!
EsT. 1.0 ¡Pon, pon, pon, pon! (Tocando.)
¡Ay, a}^ ay, qué moza,
como me retoza
el alma en el cuerpo
de satisfacción!
Todos ¡Pon, pon, pon, pon!
(Salen cuatro parejas y bailan.)
Uno No te quejes, niña hermosa,
y dale gracias á Dios,
que en el cielo de tu cara
en vez de un sol puso dos.
(Tendiendo los manteos.)
EsT. 1.0 Pisa ya el manteo, •
porque yo deseo
que tu linda huella
se dibuje en él;
pisa con coraje,
déjalo calado,
igual que el encaje
que viene de Argel.'
- 10 —
Coro Pisa ya el manteo, etc.
EsT. 1.0 ¡Ay! qué zaragata,
gata, gata, gata,
cómo luce el talle
' y no se recata,
cata, cata, cata,
para que me calle.
No hay mujer ninguna,
una, una, una,
más hermosa y más...
dígalo la tuna,
tuna, tuna, tuna,
que toca á compás.
Coro ¡Ayl qué zaragata,
gata, gata, gata, etc.
Uno De la tuna los amores
siempre rechazando estás,
y eso que entre tú y la tuna
sabe Dios quién será más.
EsTUDS. Pisa ya el manteo, etc.
Mozas ¡Ay! qué zaragata,
gata, gata, gata, etc.
Halblado
EsT. 1.0 Compañeros, vamos á echar un baile en la
plaza. Tío Zorro, ¿nos quiere acompañar su
merced? Que no faltará moza que al ver esa
gentileza...
Zorro ¡Idos al diablo! (Mal humorado.)
Todos ¡Já, já, jal
Uno ¡Viva el tío Zorro!
Todos ¡Viva! (Vanse por el foro dando vocea de alegría.)
ESCENA IV
El Tío ZORRO, la MESONERA y los CRIADOS que se agrupan á la
puerta para ver marchar á los ESTUDIANTES
Zorro ¡Como fuera yo el Corregidor, ya os daría!...
Mes. Es gente divertida; á mí me entretienen.
Zorro Y á los criados también, (por ios que están pa-
rados á la puerta.) ¡Salomé! ¿Quiere vuestra
— 11 —
alteza ir á dar de comer á los guarros? (La
moza obedece bajando la cabeza, y vase por la puertfip
que da á la cuadra) Y tÚ, (a1 mozo.) ¡animal!, á
la cuadra, (obedece también.) TÚ, á la cocina,
(a su mujer.) y 3'0, ¡al demoilio! (Vanse cada uno-
por donde se indica.)
ESCENA V
LACERDA y MENDOZA; bfijan por donde los demás ESTUDIANTES-
Lac. Estoy contento de tí, mi querido Mendoza;
sé que me ofreces tu ayuda de todo corazón,
pero no quiero que mi amistad te obligue á
comprometerte gravemente.
Men. No pienses en eso; todos nosotros estamos
dispuestos á ayudarte, y yo en particular; no
hago más que corresponderte. Tú te has ex-
puesto mil veces por mis calaveradas; con-
que habla, chico; se intenta todo, y ó tú re-
cobras la alegría,, ó me la haces perder á mi,
y lo sentiría, por ser lo único que me queda.
¡Tú tienes un plan, un propósito, pues cuen-
ta conmigo! Dentro de uq momento vuelvo
y me pongo á tus órdenes. Voy á decir á los
compañeros que no tarden, porque conviene
que hoy mismo salgamos de aquí, (vase por
el foro.)
ESCENA VI
LACERDA solo
Música
¡Todo ayer me sonreía!
_Todo alegre lo veía
de mi vida en el albor;
y hoy que nueva fe me guía
y alas tiene el alma mía,
hoy que siento más caJor,
hoy que más vida sentía,
me estoy muriendo de amor!
— 42 —
Laura querida;
si de mi vida
Dios dispusiera,
que te la pida,
que tuya es.
Si Él me la ha dado,
dueño adorado,
yo te la ofrezco
enamorado,
loco, <á tus pies.
¡Ya de mis labios no brota
de alegre jota la nota,
llena de vida y color,
que hoy mi inspiración se agota,
y la lira miro rota
del amante trovador,
que, en vez de cantar la jota,
te canta endechas de amor!
Yo ni un momento,
mi bien, te olvido,
y si he sentido
de amor la llama
sólo es por ti.
Si en el convento
siempre he de verte,
¡será la muerte
para el que te ama
con frenesí!
ESCENA VII
LACERDA, MENDOZA por el foro; luego EL TIO ZORRO
Hablado
Men. Cantando y bailando les he dejado con to-
das las mozas del pueblo. Conque ya que
alK están alegres, no estemos aquí tristes,
¡Mesonero!... (Liamaudo.) Venga vino.
— 13
Zorro (saliendo.) ¿Qué se ofrece? -
Men. Traed vino, un jarro muy grande, que se
puedan ahogar en él todas las penas de un
enamorado. (Vase el Mesonero, que vuelve al
punto con el jarro de vino; lo deja en la mesa y hace
mutis.)
ESCENA VIH
LACERDA y MENDOZA sentados junto á la mesa. Beben.
Men. Ante todo, hace falta saber en qué consiste
tu rompimiento con tu excelentísimo tío el
señor marqués de La Crin, (saludando.)
Lac. El padre de Laura, el marqués y mi madre
eran hermanos. Mi madre casó por amor
con un hidalgo, heredero del ilustre apelli-
do de Lacerda; pero sin más escudos que
los de su nobleza. El marqués, como sabes,
permanece soltero, y el padre de Laura, al
morir, dejó á éste el cuidado de su hija y
el de una fabulosa fortuna.
Men. (Bebiendo.) Cuidados ambos que deben pasar
á tí.
Lac. Ya te he dicho cien veces que Laura es un
ángel de- hermosura y de bondad, que no&
amamos desde niños; pues bien, de acuerdo
con ella, un día, desechando mi timidez, se
lo revelé todo á mi tío.
Men. (Bebiendo.) ¡Preveo la catástrofe!
Lac. (Bebe.) ¡Fué horrorosa! «Querido tío — le dije
— yo estoy enamorado, adoro á una mujer y
quiero casarme.» «¿Y quién es esa mujer?»
«Laura — le dije.» Al oir tal nombre pusa
un gesto horrible de fiereza, y me gritó:
«¡Imposible! ¡Laura es una niña, y tú eres
un estudiante, un desaplicado!» «¿Un des-
aplicado? Observad, tío, que el primer año
salí bien, y los demás... lo mismo.» «¿Cómo
lo mismo, embustero!» «Sí, señor; lo mis-
mo, todos mal; pero ha sido por Laura; por
su amor he perdido los estudios, la alegría,
el apetito y...» «Y la vergüenza — añadió él. »
— 14 —
Entonces j"-© le pregunté indignado: «¿Con
qué derecho me la negáis? «¡Soy su padre,
señor sohrino!» «Señor marqués, no sois
más que un tío.» «¿Y te parece poco.» «Sí,
señor, poco; porque, además creo que sois
nn tío bárl)aro y déspota... x Se puso rojo de
cólera, levantó la voz, luego levantó una
silla, me arrojó á la cara la pobreza de mi
linaje y me arrojó la silla. Quise evitar un
disgusto, pero se abalanzó á la mesa de su
despacho, cogió la arenilla y gritó: «¡Co-
barde!» Aquella frase me cegó; enseguida
me tiró la arenilla y aquello me cegó más
todavía. Yo, sin darme cuenta, cogí un tin-
tero de cuerno para defenderme, le arrojé
la tinta y me quedé con el cuerno en acti-
tud defensiva.
Men. ¡Magnífico!
Lac. y á todo esto el marqués gritaba: «¡Has
echado un borrón sobre tu familia!...» Y,
efectivamente, con la tinta sobre la cabeza,
el buen marqués parecía un vencejo.
Men. ¡Tiene gracia!
Lac, Al contrario; yo creo que esa fué mi des-
gracia. Al día siguiente, Laura entraba co-
mo educanda en el convento de Santa Cla-
ra, y al ñn me he quedado sin Laura, sin
sueño, sin alegría... y sin tío.
Men. Pues hay que recobrar todas esas cosas, me-
nos el tío. ¿Tú qué tienes pensado para eso?
Lac. No hay más que un medio: entrar en el
convento, robar á Laura, sacarla de allí á
todo trance; una dilación cualquiera, quizá
diera lugar á desgracias inevitables.
Men. ¿y ella estará dispuesta á seguirte?
Lac. Sin duda alguna.
Metí. Pues yo no veo más que una dificultad.
Lac. ¿Cuál?
Men. Entrar en el convento.
Lac. Pues precisamente e*i eso estoy pensando
hace días, sin dar en el quid. (Pausa.)
Men. ¿Tú sabes algo de mvisica?
Lac. Sí.
Men. ¿Te atreverías á tocar el órgano?
— 15 —
Lac. Sí; ¿por qué?
Men. Porque podías fingirte un músico milanés,
de esos que andan componiendo órganos
por iglesias y conventos.
Lac. Para eso hace falta...
Men. Hace falta valor nada más.
Lac. Bueno; valor y que tengan el órgano des-
compuesto.
Mén. Desechado ese medio; tengo el presenti-
miento de que el segundo jarro de vino ha
de darnos la idea de ponerte entre las bue-
nas madres del convento de Santa Clara y
cerca de tu Laura.
Lac. Pues venga vino. ¡Mesonero! (Llamando, saie
él Mesonero y les sirve Tino nuevamente.)
ESCENA IX
DICHOS y el HERMANO ANTOLÍN, que viste hábito blanco, mon-
tado en un mulo, con un gran paraguas encarnado abierto: lleva
las alforjas repletas de pollos, gallinas, jamones y una gran por-
ción de hortalizas. Al entrar en escena^ el CORO que le sigue, le
rodea. Al apearse del mulo, un mozo retira la caballería, Lacerda y
Mendoza quedan aparte bebiendo
Música
Lego Dominus tecum,
(Echando bendiciones á cuantos le rodean.)
ora pro nohis,
hyrie eleyson .
Coro ¡Hola, hermanito,
¿que es lo que busca
por el mesón?
Lego Detenerme
y guarecerme
de la lluvia
torrencial;
s pues el agua
^ no hay quien beba,
ni le prueba
á este animal, (por el mulo.)
Como el pobre
— de-
tiene reuma
y le tengo
yo también,
tanto al mulo
como al lego,
no les sienta
el agua Ken.
Coro Pues descanse
el pobre lego,
ya irá luego
á su deber.
Lego Entregadme
una limosna,
y al par dadme
de comer. (Se apea del mulo.
Coro Sintiendo hambre y sed,
aquí en el mesón,
lo que es su merced
no hará colación.
Lego Como estamos en cuaresma,
y según santas doctrinas
el ayuno es lo primero,
lo primero y principal;
que me deis para los padres,
por amor de Dios espero,
pavos, pollos y gallinas,
y otras aves de corral.
Coro Ya no habla en latín
el lego mostén;
hermano Antolin
eso no está bien.
Lego Como los padres Mostenses,
por los que sin cesar ruego,
tienen la despensa escasa
para hacer la colación,
hoy encargan que os visite,
— 17 —
como de costumbre, el lego,
por si queda en vuestra casa
todavía algún capón.
Coro Pues toma un capón, (pegándole.)
hermano Antolín,
si es que colación
vas á hacer al fin.
Lego Las acelgas y espinacas
van á dar conmigo fin,
¡mirad que carnes tan flacas
tiene ya el lego Antolín!
Coro ¡Já, já, já, já!
Como este lego
no existen dos.
¡Jesús qué tuno!
¡qué tuno, qué tuno, qué tuno!
¡Válgame Dios!
Lego Me llaman tuno,
¡válgame Dios!
sin ver que ayuno,
que ay... uno, que ay... uno, que ay... uno
como no hay dos.
¡Ay, qué mujeres!
Coro Lego mostén,
tú te lo quieres
tú te lo ten.
Lego Ven en mi ayuda,
Dios mío, ven,
y libéranos
amén, amén.
Las acelgas y espinacas
van á dar conmigo fin, etc. etc.
Coro Como este lego
no existen dos, etc. etc.
— 18 —
Hablado
Lego
Moza 1.»
Lego
Moza !>
Lego
Moza 2.»
Lego
^ Moza 2.a
Lego
Moza 2.a
Lego
Moza 2.a
Lego
Moza 3.^
Lego
Moza 3.a
Lego
Todos
Lego
Con que ya lo sabéis. En atención á loa
días de Semana Santa que corremos, días
de penitencia y ayuno, desea nuestro reve-
rendo padre el prior, libraros del pecado
mortal, para lo cual manda que me entre-
guéis todos los pollos, pavos, gallinas, lie-
bres, conejos y perdices que tengáis, más
los gamos que tanto abundan entre vos-
otros, (ai oír esta frase vanse los mozos por el foro.)
Ahora, si queréis entregarme por cuenta
propia, roscas, roscos, rosquillas ó roscones,
eso en bien de vuestra alma irá; y por cada
roscón os daré una bendición para vuestra
salvación.
Oiga vuestra merced.
¿Qué?
¿Y para qué quiere el prior todos esos ani-
males?
Para evitar los comáis y pequéis, y para
guisarlos por la Pascua y que se los co-
man los pobres...
¿De la comarca?
¡Quiá; los pobres frailesl
Bueno, hermano, yo no tengo animales en
casa.
¿Y tu padre?
Tampoco tiene, pero os daré chocolate.
Bueno, hija; pues por cada onza te daré una
indulgencia.
¿Plenaria?
¡Plenaria, tiene que ser con bizcochos!
Y diga, hermano, después de la Cuaresma,
¿se puede comer carne los viernes?
Si, pero hace falta bula.
¿Y para los demás días?
Hace falta carne, (a todos.) Con que no os
digo más. ¡Fax Domine sic seniper vóbiscum!
(Echando la bendición.) Y que me traigáis laS
gallinas. Tomad una estampita.
Quedad con Dios, (vanse.)
(Bajando al proscenio.) ¡DioS mío!... jDÍOS mío!..
-> 19 —
y ¡Dios mío!,.. ¡Qué muchachas!.,, ¡qué her-
mosas y qué frescotas! Vamos, me explico
que hagan pecar á todos los hombres que
no sean legos, y aun á los que sean un poco
legos. Yo admiro á los padres de mi con-
vento que miran á las mujeres con la ma-
yor indiferencia... ¡Vamos, que cuando veo
á estas muchachas... quisiera ser padre... pa-
ra no caer en la tentaciónl ¡Ayl señor, libe-
ranos Domine, (santiguándose.) jQué mujeresl..
jQué mujeres!
ESCENA X
El LEGO, LA MESONERA, que sale por la puerta que da á al co-
cina, luego EL TÍO ZQRRQ, LACERDA y MENDOZA en la mesa
Mes.
Lego
Mes.
Lego
Mes.
Lego
Zorro
Lego
Zorro'
Lego
Lac.
Men.
Zorro
Lego
Hermano, ¿estáis deseando ya la colación?
¿Qué?
¿Que si queréis que os prepare la colación
en seguida?
Sí, sí; porque ya veis cómo estoy, tía Ale-
grías: caladito y muerto de cansancio. Me
ha. cogido el chaparrón en el camino, me
he metido en la taberna de la tía Cordera...
y, ¡cómo me he puesto!
De vino, ¿eh?
¡No, de agua, de agua! .
(Sale por la izquierda.) ¿Qué, y la COmunidad?
¿Cómo están los padres, hermano? (vase la
Mesonera á la cocina.)
Bien, gracias al Señor, tío Zorro.
¿Y ahora de dónde venís?
Pues vengo nada menos que del convento
de Santa Clara.
(Aparte á Mendoza, con interés.) ¡Viene del COn-
vento!
(ídem.) Sí, oigámosle.
¿Y cómo están las madres?
¡Hechas una bendición! ¡Pues y las educan-
das! ¡Hay cada muchacha alK como un lu-
cero! En cuanto he llegado yo han empeza-
do las Completas.
— 20 —
Zorro ¿A qué?
Lego A cantarlas, y luego Cuarenta horas, trisa-
gios, maitines, los dolores y luego otra vez;-
Completas. Ptro hoy he salido del convento
disgustadisin)(>.
Zorro ¿Y eso?
Lego Porque me ha hecho la madre Superiora un
encargo que no podré cumplir.
Zorro ¿Cuál?
Lego Pues no sé si sabréis que hará dos meses,,
ha entrado en la Orden un padre que tiene
asombrada con sus sermones á la comu-
nidad.
Zorro El padre Anselmo; sí, ya he oído decir que
es una maravilla.
Lego Pues bueno, la Abadesa quiere conocerle y
que vaya al convento á predicar á las edu-
candas los sermones de Cuaresma. — A vos
08 lo encargo, hermano Antolín — me ha di-
cho la Abadesa, — ¡hacedle venir! Y para mí
que no va. (Lacerda y Mendoza hablan bajo.)
Zorro ¿Por qué?
Lego Porque le ha llamado el obispo de Siman-
cas que quiere oirle. Yo no le he dicho á la
Abadesa ni que iría ni que no iría. En íin,
ya veremos.
ESCENA XI
DICHOS y LA MESONERA (que durante la escena anterior subió al
corredor llevando unas ropas de cama), que llega por la escalera
Mes.
Lego
Zorro
Hermano, en vuestro cuarto de siempre te-
néis ya la colación y arreglada la cama para
que podáis descansar.
Bueno, tía Alegrías, vamos á la colación.
¡Buen provecho! (e1 Lego sube á su cuarto, y el
Mesonero y la Mesonera se retiran por la cocina.)
— 21 —
ESCENA XII
LACERDA y MENDOZA
Lac. ¿Nos hemos quedado solos? (con misterio.)
Men. (Levantándose.) Solos; el Lego va á encerrarse
en su cuarto.
Lac. ¿Qué te parece mi proyecto?
Men. ¡Magnífico!
Lac. Sin embargo, pueden venir...
Men. No temas.
Lac. De todos modos mi plan es decisivo: sales,
preparas á los compañeros, vuelves con ellos,
pagáis la cuenta, y por menos de un mara-
vedí armáis un escándalo mayúsculo; yo me
pierdo en la confusión, tú defiendes en la
escalera mi huida. Una vez yo en la calle se
acabó la pendencia; ¡sálvese el que pueda!
¡Los compañeros se reunirán en la fuente de
los Castaños; yo al convento, tú á buscar dos
caballos, y mañana Laura será mía, y mi
noble tío el marqués de la Crin se tirará de
los pelos hasta arrancarse el título nobilia-
riol En tí confío, yo voy á escribir á Laura.,
Men. {Pues manos á la obra!
Lac. ¡Dios nos ayude! í'se estrechan las manos; Lacerda
sube á su cuarto y Mandoza vase por el foro.)
ESCENA XIII
mercaderes 1.° y 2." y CUADRILLERO por el foro
Mer. 1.0 Ahora que la maldita estudiantina no nos
estorba, acepto el desafío y os juego todo el
vino que nos podamos beber en toda la se-
mana.
Mer. 2.0 Aceptado.
"CuAD. Pues, andando. ¡Mesonero, naipes y vino!
(Se sientan á jugar.)
22 —
ESCENA XIV
DICHOS y LOS MESONEROS; ella con un jarro de vino y él coi.
una baraja que da á los jugadores
Mer. l.o ¿Conque por fin se fué la estudiantina y
quedasteis tranquilos, tío Zorro? (juegan.)
Zorro ¿Cómo marcharse? ¡ Enseguita! ¡Sin abonar-
me el gasto de vino, pan, queso y barullol
Mes. Tienen que volver por los atillos.
Mer. 1.0 Pues si no vuelven, ya tenéis prenda: os
quedáis con los bártulos.
Mes. Todo reunido no vale un escudo.
Mer. 2.0 Y qué, tía Alegrías, ¿le habéis entregado to-
das las gallinas al Lego?
Mes. Yo estoy libre de diezmos y primicias; en
cambio, cuando pasa algún Padre, tengo
que obsequiarle con lo mejor del corral.
ESCENA XV
DICHOS, MENDOZA y demás ESTUDIANTES con varas escondida»
bajo del mantee; entran armando gran algazara, gritando todos á
la vez. Luego LACERDA
EST. 1.0 ¡Mesonero! (Estas voces casi simultáneas.)
EsT. 2.0 ¡Tío Zorro!
EsT. 3.0 ¡Mesonero!
Zorro ¡Eh! ¿qué se ofrece? ¿A qué tanto escándalo?
Men. ¡La cuenta, la cuenta!
Mer. l.o (Renegando.) ¡Ya están aquí otra vez!
Zorro La cuenta, la cuenta... ¡Voy por ella! (Hace
mutis y vuelve á salir con un manojo de cañas en las.
manos.)
Men. Subid algunos al cuarto y recoged todos los
bártulos, que es tarde y tenemos que salir
ahora mismo, [ho hacen algunos de los que llevan
guitarras.)
Zorro (saliendo.) Esta no... esta no... ¿ésta? (Escogien-
do de las cañas una.) Aquí CStá. (Enseñándoles una.)
Men. ¿Ahí? (Extrañándose.)
— 23 —
Zorro Es mi manera de llevar las cuentas. Para
cada parroquiano tengo una caña.
Men. y vuestra mujer un anzuelo, (Ríen todoe.)
EsT. l.o ¡Nos tratan como peces!
EsT. 2.0 No está mal pez el tío Zorro.
Zorro Haciendo rayas en la caña, voy marcando
los escudos que me deben.
Men. ¡Buen sistemal (Todo en tono burlón.)
Zorro Que viene un parroquiano y le preparo un
cuarto, raya; pide de cenar, raya; quiere ca-
ma, se acuesta, raya; que ronca, raya; que se
despierta, raya; que llama á una moza... ¡dos
rayas! hasta que se marcha, me pide la cuen-
ta y...
Men. ¡y cruz y raya! (Ríen todos, burlándose.) No
vuelven más por aquí.
Zorro Naturalmente, de alguna manera hay que
arreglarse cuando no se sabe de números. Y
con caña y todo se me van muchos sin
pagar.
Men. Qué, ¿os deben algo?
Zorro ¿Algo?... Un cañaveral lo menos. ¿Veis ese
cobertizo? (señalando hacia la tapia.) PuCS CStá
hecho de cuentas atrasadas.
Men. Pues esas cuentas ya no os las pagarán.
Zorro ¿Por qué?
Men. Porque han subido mucho.
Zorro ¡Ay! mucho, mucho; pues voy á enseñaros
el recibo que me quedó á deber un caballe-
ro que decía ser pagador del reino, (saca una
caña de pescar.)
Todos ¡Já, já, já!
Zorro ¡Como yo le pescara!...
Men. ¡Pues si no le pescáis con esa caña!... (ei tío
Zorro deja la caña.) '
Men. Conque, ¿cuánto es nuestra cuenta?. (Que
ya Lacerda estará impaciente.)
Zorro (contando y mirando el canuto de caña.) ünO, doS,
tres... ¡siete escudos!
Men. ¡Me parece que os habéis equivocado de ca-
nuto!
Zorro ¡No, no! Aquí están las rayas.
EsT. 1.0 ¡Eso es darnos cañazo! (los demás gritan.)
Men. ¡Naturalmente, so tramposo!
— 24 —
Mer. 1.0 (a sus compañeros de juego.) Me parece que va á
haber jarana con esta gente.
Men. (ai Mercader.) ¡Hola, scñor Apolo! ¿Os moles-
tábamos con la conversación? jPaes si no
alargarais tanto las orejas os evitabais la
molestia de oir y el de que alguna vez os ti-
ren de eUas! (nejan de jugar.)
Mer. 1.0 No se hicieron mis orejas para manos de
sopistas.
Men. (Rápido.) Tío Zorro, tomad los siete escudos,
(se los da.) venga el canuto y vamos á ponér-
selo de mordaza á éste que tiene sobra de
orejas y falta de meollo.
Todos ¡Sí, sí! (confusión.)
CUAD. (Se levanta y echa mano á la espada.) [Fucra de
aquí todos, ó hago uso de las armas! (pn Es-
tudiante le descarga un palo.)
EsT. 1.0 ¿De las armas? [Toma, bribón! (otro palo.)
CUAD. ¡Favor al rey! (Los Estudiantes sacan las varas y
empiezan á repartir palos, confusión, gritería; se oyen
voces de ¡Villanos! iCanallas! ifavorl ique me matan!
¡á esos! Los estudiantes, en medio de la confusión,
procuran guardar la escalera, á fin de dejar paso por
detras de ellos á Lacerda. El Cuadrillero se oculta en
el hueco que forma la escalera; las mozas tiran pimien-
tos y tomates de los que hay colgados en el corredor.
El desorden es completo; óyese un ruido como si echa-
ran abajo una puerta; el Lego sale precipitadamente
de su cuarto en calzoncillos de bayeta amarilla con
unos tirantes negros, y apenas ha bajado la escalera
recibe un palo que le obliga á retroceder cruzando por
toda la escena )
Lego ¡Socorro! ¡Favor! (Un Mozo que cruza la escena
llevando una collera de cascabeles, es agredido por un
estudiante y emprende la huida tras el Lego asustán-
dole más; la Mesonera, que saldrá con una gran cace-
rola de cobre, recibe un palo en ella, la deja caer y
huye chillando. Todo esto muy rápido. Los Estudian-
tes, cuando ya Lacerda ha huido llevándose los hábi-
tos del Lego, se baten en retirada hacia el foro; los
Mozos, el tío Zorro y demás personajes del mesón,
como Mercaderes y arrieros, quedan últimamente de
espaldas al público, figurando sesteaer lucha con los
Estudiantes que ya están fuera defendiéndose todavía.
— 25 —
El Cuadrillero, que sigue oculto, asoma la cabeza y
al ver que el peligro desaparece ya, saca la espada y
comienza á dar tajos en el aire al tiempo que el Lego
se dispone á bajar nuevamente; el Cuadrillero dice:
jQue vengan ahora esos villanos, cobardes! El Lego,
creyendo que lo dice por él y al verle en aquella ac-
titud, huye diciendo; ISan Cucufate me valga! Todo
rapidísimo para que el cuadro tenga verdad y colori-
do. La orquesta simulará la pelea hasta que ésta ter-
mine y asome otra rez el Lego por la escalera pi-
diendo auxilio.)
MüTACIOir
CUADRO SEGUNDO
Decoración de selva, figurando un bosque de castaños.— A la dere-
cha un peñasco del cual fluye un caño de agua, siendo ésta re-
cogida tn un hoyo.— La decoración, á la izquierda, tiene una
abertura ó rompimiento con su correspondiente forillo
ESCENA PRIMERA
CORO DE MOZAS, que con sus cántaros van á la fuente. Luego LOS
ESTUDIANTES
Música
■Coro Niña que á la fuente vas (Dentro.)
corre que ya cerca estás.
Por agua voy
para beber,
mas no me doy
prisa en volver.
En el cristal
de la apartada fuente,
al beber,
podrás ver
tu rostro angelical.
(Saliendo por la izquierda.)
— 26 —
Antes que el sol
oculte tras el monte
BU arrebol,
has de estar
de vuelta en el hogar.
Descansemos
compañeras, (nejan ios cántaros.)
que algo nuevo
hay que contar;
pues el fresco
de esta fuente,
nos invita
á murmurar.
(Forman apiñado grupo y dicen con interés y pi-
cardía.)
Con el cántaro cargada
hemos visto en el camino,
á una moza enamorada,
y á un zagal muy libertino.
Cuando aquí, y esto es lo grave,
los dos cita no se dan...
es que el cántaro, ¡Dios sabe
en qué fuente llenarán!
Cuando ella venia
por agua á la fuente,
en vez de agua fría
al pueblo volvía
con agua caliente.
Como él no ha querido
por aquí bajar,
y es algo atrevido,
lo que ha sucedido
era de esperar.
No hay que murmurar;
no ha}' que criticar...
(Pausa. Oyese el alegre son de la jota y palmoteo.)
¡Ay, qué dulce acento!
¡Ay, qué grato son!
— 27 —
Dejad un momento
la murmuración.
EST. (Salen izquierda.)
Ya que por nuestra fortuna
os salimos al encuentro,
dad de beber á la tuna,
porque se abrasa por dentro.
Mozas Nuestro corazón se ablanda
ante vuestro ronco acento,
porque la Iglesia nos manda
dar de beber al sediento.
EsT. (Formando parejas con ellas.)
Ven, niña adorada,
la de tersa frente;
¡ay, qué retirada
que tienes la fuente!
Aunque no lo digas,
si yo no me engaño,
tras de mil fatigas
dimos con el caño.
Mozas Cantad otra copla.
EsT. La boca está seca
si no le das agua,
preciosa Rebeca.
Mozas Aquí hay agua fresca;
(presentando cada una su cántaro.^.
beba su merced.
EsT. [Yo si apagaría
contigo la sed! (Beben.)
Mozas Llevad cuidadito,
que os estáis mojando.
EsT. , Tú me tienes frito.
Mozas Idos refrescando.
EsT. Ven y apaga el fuego
de mi corazón.
Mozas En la fuente luego
date un remojón.
EsT. Ven, niña monísima,
oye aquí inter nos. (Abrazándola.)
Mozas No me rompa el cántaro,
y vaya con Dios.
(Con el cántaro al brazo.)
— 28 —
Ellos Ellas
¡Oh, ninfas ¡Qué risa!
del Pindó, De prisa
qué lindo les entra
perfil! el amor.
Hermosa Si en serio
es tu cara se tomar, ^
cual rosa la broma
de Abril. es peor.
Coro Que Dios os guarde,
porque ya es tarde.
(Haciendo ademán de marcharse llevando el cántaro.)
EsT. ¿Y esa mudanza?
Coro Es porque el rio murmura,
y porque la noche obscura
de prisa avanza.
(Van marchando poco á poco por el forillo izquierda.)
Ellas Ellos
Procura, niña, Adiós, zagala,
seguir tu senda de mi amor prenda;
con mucho tino, sigue tu sino,
y que la noche y que la noche
no te sorprenda no te sorprenda
por el camino. por el camino.
'Coro (Dentro.) ¡La, la, la, la!
EST. (a media voz.)
Es de las muchachas bellas
la fuente de los Castaños,
mas no te acerques á ellas
si no quieres desengaños.
A la jota, Jota
de la estudiantina,
que en viendo una moza
canta y desafina;
pues los estudiantes
de poco magín,
entienden de amores
más que de latín,
(vanse forillo derecha.)
€0R0
EST.
(Lejos.) ¡La, la, la! etc.
— 29 —
ESCENA II
EL MARQUÉS DE LA CRIN y su MAYORDOMO
Halblado
May. ' (Sale por la izquierda.) Por aquí, señor Marqués.
Marq. ¡Ajajá! ¡Gracias ¿ Dios!... Descansaremos
aquí, tomaré unas confituras, beberé un sor-
bo de agua, y seguiremos en la silla de pos-
tas hasta llegar al convento de Santa Clara.
May. ¿y á qué hora piensa el señor Marqués que
llegaremos al convento? (siempre muy ceremo-
nioso.)
Marq. A las siete; ya sabes que quiero aguardar á
la noche y entrar en él con todas las pre-
cauciones necesarias para que la Abadesa
únicamente conozca nuestra estancia alh.
May. Excelentemente pensado.
Marq. Quiero sacar á Laura del convento sin que
se entere nadie, ni ella misma, hasta el pre-
ciso momento de la salida.
May. ¿y estáis decidido á casaros con vuestra
sobrina?
Marq. Decidido; pero antes quiero consultar su
opinión.
May. Es muy justo.
Marq. ¿Que me quiere? Me caso en seguida. ¿Que
no me quiere?... ¿Qué vamos á hacerle?
May. Se resigna vuecencia.
Marq. ¡Eso! Me resigno y... me caso también. Des-
pués de todo, ¿qué va perdiendo? Mi sobrino
es menos rico que yo.
May. Es verdad.
Marq. Si acaso en lo que me aventaja es en no-
bleza.
May. Pero, ¿tiene más pergaminos que vos?
Marq. No, pero tiene en su blasón seis golondri-
nas y yo no tengo más que cuatro.
May. Pero, en cambio, vuecencia tiene un golon-
drino.
Marq. (Mal humorado.) Buono, no me lo recuerdes.
— so-
por eso quizá en la corte se mira mal este
matrimonio, porque cuando fui á despe-
dirme de Su Majestad Carlos cuarto (ei
Mayordomo se descubre.) y le encontré CU SU po-
sesión del Buen Retiro pescando, al comu-
nicarle mi pensamiento, me dijo: — ¡Casarte
con tu sobrina!... ¡Bah! ¡Marqués, eres un
imbécil! — Y siguió pescando.
May. Señor, Su Majestad no sabía lo que se pes-
caba.
Marq. En cambio me dio la enhorabuena Godoy,
que estaba más abajo pescando con la reina.
May. Señor, Godoy sabe lo que se pesca,
Marq. Y te advierto que Carlos cuarto no es el pri-
mero...
May. Ya sé que es el cuarto.
Marq. Digo que no es el primero que me lo dice;
pero yo desprecio las intrigas de la corte, y
me casaré á toda costa, y que se fastidie mi
sobrino, que no le perdonaré nunca el ha-
berme amenazado con un cuerno.
May. Quién sabe si mañana podrá vuecencia ame-
nazarle con más... '
Marq, ¿Cómo?
May. Con más fundamento,
Marq. Tienes razón. En fin, vamos, que quiero aci-
calarme un poco antes de ir al convento,
May, Vamos,
Marq. (yéndose.) La verdad es que como gentileza y
bizarría no me negarás que las tengo,
May, No, señor, no, (Vanso por donde entraron,)
MVTAClOlir
31
CUADRO TERCERO
Interior del convento de Santa Clara. La decoración dividida en
doi partes, que comunican entre sí. El locutorio á la izquierda,
con reja al foro^ cubierta con una cortina; junto á la reja, y á
au izquierda, una pequeña puerta practicable; en «1 lateral iz-
quierda dos puertas. Una mesa, sillón de cuero y sillas. En la
parte derecha el claustro, con ventanas, que se supone dan al
jardín. Puertas en el lateral derecha y en el fondo del pasillo,
que forma la separación del locutorio y los claustros.
ESCENA PRIMERA
Aparece EL DEMANDADERO asido á una cuerda que pende del te-
tJho, arrimada á la pared del locutorio y en primer término, de-
recha del mismo. Cada vez que simula un tirón de la cuerda se
«ye ol doblar de una campana. Hace grandes esfuerzos al tirar de
la cuerda, como si se hallara muy fatigado, y se le nota un exage-
rado temblor en las piernas. La campana suena fuerte unas veces y
otras muy débil, según el esfuerzo más ó menos exagerado que el
Demandadero hace
Dem. (Después de dos ó tres tirones.) ¡PueS, Señor, me
parece que no voy á poder acabar este to-
que. (Da dos 6 tres tirones y bosteza.) EátO CS
superior á mis fuerzas; pero es claro, ¿qué
fuerzas van á quedarme con una debilidad
como la que tengo? ¿Qué fuerzas van á que-
darme después de veintinueve días de es-
pinacas? ¡Veintinueve días con espinacas
por la mañana, (Tira.) espinacas por la tarde
(id.) y espinacas por la noche! (id.) Y des-
pués de todo esto, toque su merced á vís-
peras... ¿y á vísperas de qué? ¡De más es-
pinacas! (Tira. Variando de tono y dejando la
cuerda.) Gracias, gracias á que yo tengo la
manga ancha (Mira á todos lados.) y llevo es-
condido" en la manga un riquísimo muslo
de liebre estofada, y ahora mismo... (saca lo
que dice y como.)
32 —
ESCENA II
DICHO y LA SUPERIORA, que, atravesando el pasillo, se dirige al
locTitorio
Sup. (Todavía en el pasillo.) ¡Hermano, pero her-
mano!
Dem. ¡Cascaras, la Superiora! ¿Y qué hago con
el hueso?... (Dudando.) ¡Al bolsiUo! (Se lo guar-
da, y empieza á tocar la campana precipitadamente.)
Sup. (Entra en el locutorio ) Pero hermano, por Dios^
¿qué manera de tocar es esa?
Dem. Madre Superiora, es que el hueso... vamos,
que me duele un hueso...
Sup. Pues sabed, hermano Demandadero, que la
comunidad y las educan das se quejan de lo
mal que tocáis; algunos días apenas se oye
el repique de la campana.
Dem. Haceos cargo, madre, que después de un
mes de acelgas no hay quien repique.
Sup. Pues la Madre Tornera me ha dicho que
habéis quebrantado el ayuno, y que os ha
visto coger de la despensa una tajada de
jamón.
Dem. ¡No me extraña que os lo diga porque la
Madre Tornera la ha tomado conmigol
Sup. ¿La tajada?
Dem. No, que me ha tomado manía.
Sup. Basta de conversación; idos á arreglar la
celda de vuestro pabellón para que se hos-
pede el padre mostense que esperamos.
Dem. Está bien.
Sup. ¡Ah! y después tenéis que salir al tejado á
buscar el gato que se ha escapado.
Dem. ¡Maldito morrongo! Voy allá, madre Supe-
riora, voy allá. (Vase.)
Sup. ¡Jesús, qué viejo tan gruñónl
— 33 —
ESCENA III
SüPERIORA, MADRE MÓNICA, MADRE TORNERA, LAURA, ÚR-
SULA, monjas y educandas, que van saliendo por las puertas del
pasillo y por la escalera que hay en el feudo dei mismo. Otras pa-
san por detrás de la reja del ¡ociitorio. Las monjas se sientan en el
locutorio; unas cosen y oirás rezrtu. LA MADRE MÓNICA queda
entre las educandas, que se divierten jugando junto á las ventanas.
LAURA queda en segundo término muy pensativa. Al acabar la
música todas palmotean y dan muestras de regocijo
Música
Coro Compañeras, venid y cantemos;
del recreo llegó la hora al fin,
que en Cuaresma, como ya sabemos,
ninguna podemos
bajar al jardín.
Disfrutemos en buena armonía
este rato de grata expansión,
ya que estamos de noche y de día
con la letanía
y el kirieleijsón.
(Disponiéndose á jugar.)
Hagamos corro
y empiece el juego;
ya vendrá luego
la reclusión.
¿Qué tiene Laura?
¿Por qué está triste?
Laura (Se me resiste
la diversión.)
Coro ¿Por qué triste y sola
del corro te alejas,
y á todas nos dejas
con harto pesar?
Tu gran desconsuelo
di á tus compañeras,
por si algún consuelo
te pue.den prestar.
(Rodean á Laura con gran curiosidad.
34 —
Laura
Coro
Amo á un hombre
con locura,
que á Dios jura
serme fiel.
Y aunque lejos
de la vida,
ni él me olvida
ni yo á él,
aquí dentro
del convento,
mi amor siento
revivir.
Y esta llama,
que me inflama,
es difícil extinguir.
Si es amaros
con locura
la ventura
de los dos,
tu constancia,
su desvelo,
desde el cielo
premie Dios.
JjAura Vencer no han podido mi firme constancia
las rejas, ni el muro, ni todo el convento;
podrá separarnos tal vez la distancia,
mas no el pensamiento.
Coro
En tu pecho
la esperanza
verás pronto
revivir,
.y esas puertas,
hoy cerradas,
á tu paso
se han de abrir.
Laura
En mi pecho
la esperanza
veré pronto
revivir,
si esas puertas,
hoy cerradas,
á mi paso
se han de abrir.
No te aflijas
al mirarte
en tan triste
soledad;
Tengo miedo
de mirarme
en tan triste
soledad.
— 35 —
que Fernando
vendrá á darte
la perdida
libertad.
Ven, Fernando,
ven a darme
la perdida
libertad.
Hablado
Educ. 1.a jPobrecilla!
Urs. ■ No te aflijas, que si él te quiere no te olvi-
dará nunca.
Educ. 2.^ Anímate y ven á jugar con nosotras, (se
oyen los acordes lie un arpa.)
Laura ¿Habéis oído?
ÜRS. 8í.
ESCENA IV
DICHAS y LACEKDA dentro
Coro Callad un momento,
¡qué duice nrinonía!
¿Quién junto al convento
se atreve á vi\ n t ar?
¿Será alirún ;imante?...
Oigamos sus quejas;
callad un instante
y oír su cantar.
(Todas escuchan cmi sfran atención.)
XíAfc. Al muro del convento (Dentro.)
llega tu amor;
oye niña el acento
dei trovador,
que su seiitiila queja
trae hasta aquí,
y al pie de* la alta reja
canta por tí.
Oye de mis canciones
el dulce afán,
y nuestros corazones
se entenderán,
<iue, á pesar de la ausencia,
juntos están.
Laura
Coro
— 36 —
¡Qué hermoso es querer,
qué grato es amar, •
qué dicha es poder
tus ojos mirar;
qué hermoso es sentir
tu dulce rigor!
¡Qué triste sufrir
desdenes de amorl
A xiTi tiempo
¡Dios mío, es su acento;
Fernando está aquí;
en alas del viento
su voz llega á mi!
¡Qué dulce es su acento,
cautiva le oi;
quizá el pensamiento
tendrá puesto en mi! (con alegría.)
Lac
Es por ti, vida mía,
mi suspirar,
y es mi sola alegría
poderte amar.
Si hasta ti llega el eco
de mi canción,
ten piedad, porque sufre
mi corazón.
Tan sólo por tí
me muero de amor;
Ten piedad de mí,
calma mi dolor.
¡Si me has de olvidar
. no quiero vivir,
si no me has de amar
prefiero morir!
Laura En alas del viento
su voz llega á mí.
Coro Quizá el pensamiento
tendrá puesto en mí.
Lac.
— 37 —
¡.A.h, sólo por tus amores
aquí llegué;
á calmar mis dolores
decídete,
que 5'o toda la vida
te adoraré!
[Ay, qué hermoso es querer,
qué grato es amar! etc., etc.
Laura. ¡Dios mío, su acento! etc., etc.
Hablado
Todas ¡Ay, muy bien, muy bien!
JEduc. 2.a ¡Qué voz tan preciosa!
Educ. o.^ ¡Pues y la canción!...
Educ. 1.a ¿Os ha gustado?
Educ. 3.a ¡Muchísimo!
Educ. 2.a ¿Queréis que aplaudamos desde las ven-
tanas?
Educ. 1.a Sí, sí.
Todas Sí, sí. (Queriendo aplaudir.)
-Sup. Señoritas, tened la bondad de moderar esos
regocijos.
Educ. 1.* Es que tenía una voz...
Sup. ¡a callar!
Educ. 2.a Y era una canción tan bonita...
Sup. Silencio; olvidad esas mundanas canciones.
Madre Mónica, cerrad esas ventanas y en-
tretened á las educandas contándolas algu-
na historia religiosa; la de la casta Susana,
por ejemplo; pero antes del pasaje de los
viejos.
MÓN. Está bien, reverenda madre. (La Superiora vase
al locutorio y se sienta.) AcercaOS. (a las edu-
candas.)
ESCENA V
laura y ÚRSULA. Las demás en segundo término con la MADRE
MÓNICA. SUPERIORA y monjas en el locutorio
•ÜRS. Pero, por Dios, Laura, tranquilízate.
Laur.\ ¡Ay! no sé qué extraña emoción he sentido
al oir su voz, Úrsula.
- 38 —
Urs. ¿Pero estás segura de que es él?
Laura ¡Segurísima! Sí, es él, no hay duda. La voz.,
la expresión de sus canciones, todo me re-
vela que es Fernando que me anuncia su
presencia,
Urs. ¿y qué int^^ntará?
Laura No lo sé; pero me ama demasiado para aban-
donarme á esta tristísima situación que su-
fro por él. (suena una Cíimpana.)
Urs, [La campana de la portería!
Laura ¡Dios mío!
Sup. (Leyantándose.) Han llamado. ¿Quién será?
ESCENA VI ~
DICHAS y el DEMANDADERO por la primera derecha
Dem, ¡Madre Superiora! ¡Madre Superioral
Sup. ¿Qué pasa, hermano?
Dem. ¡Gran noticia!... Por fin vais á cumplir vues-
tros deseos... que... (Las edueandas se acercan á
ja puerta del locutorio; las monjas dejan sus asientes
y todas oyen con curiosidad.)
Sup. ¿Qué?
Dem. Que sonó la campana de la portería... y me
he encontrado con un padre mostense, que
me ha dicho: hermano, avisad á la Abadesa
que está aquí el padre Anselmo. (Todas mues-
tran alegría al oir Ja noticia.)
Sup. ¡Uy! El padre Anselmo; corred, corred... de-
cidle que suba.
Dem, Voy volando, (vase.)
Torn. Per fin vamos á conocerle.
Sup. ¡El padre aquí ya; qué pronto!... Señoritas,
preparaos á recibir al padre Anselmo; que
ninguna levante la vista del suelo, ni hable
ni se distraiga. En fin, que parezca que es-
táis bien educadas... Vamos, vamos nosotras-
á recibirle. (Se dirige, seguida de las monjas, á la
primera derecha. Las edueandas forman en dos ñlas,.
por entre las cuales pasará Lacerda al entrar.)
39 —
ESCENA Vn
DICHOS y LACERDA, quo viste el hábito de los mostenses
Música
Lac. [Dios guarde á esta santa casa!
Coro Ya está aquí el padre niostén.
Lac. ¡Alabado el Señor sea!
Todos ¡Por siempre jamás, amén!
8üP. Estas son las educandas. (presentándolas.)
Lac. ¡Qué humildad, qué sumisión!
(Guapas chicas.)
Coro Dadnos, padre,
vuestra santa bendición.
Lac. BoiedicÚUS, benedictus. (Echando bendiciones.)
(Son de rostro angelical.)
Coro ¡Que el Señor nos dé su gracia!
Lac. (Pues de gracia no están mal.)
Dejad, madre Superiora,
que entre las niñas reparta
una oración... (y una carta),
una mística oración,
de María Magdalena,
que alcanzó, de gracia llena,
para sus culpas perdón.
(Les entrega una oración á cada una, y al llegar á
Laura le entrega, en vez de oración, una carta y le
dice.)
(Laura.)
Laura (Fernando.)
Lac. (Por Dios, callad.;
Laura (Yo estoy temblando.) (ai coger la carta.)
Lac. Tomad... tomad.
(Repartiendo oraciones á las demás educandas.)
Sup. Rezad la oración
con gran devoción.
(Forman todas en linea recta, quedando Laura en el
extremo de la derecha; Lacerda y la Abadesa reti-
ranse á un lado.)
4Ü -
Coro
Por las calles noche y día, (Leyeudo la oración
con el diablo tentador.
■)
Laura
«Dueño mío, vida mía, (Leyendo la carta.)
heme aquí loco de amor.»
Coro
La mujer más pecadora
iba en busca del placer.
Laura
«Si tu corazón me adora
pronto mía puedes ser. »
Coro
Una vez arrepentida
del perdón marchaba en pos.
Laura
«Preparada está la huida,
y que nos proteja Dios.»
Coro
Al llorar la pecadora
su pasada juventud.
Laura
«Ven y escapa sin demora
de tan negra esclavitud.»
Coro
Al fin Dios le abrió los brazos.
Laura
«Ven á mis brazos, por Dios,
y estrechemos más los lazos
que han de unirnos á los dos »
Coro
¡Sea por siempre alabado!
Laura
(¡Jesús, María y José!)
Coro
Libéranos del pecado,
libéranos Domine.
Coro
¡Venturosa Magdalena!
Laura
«¡Reina de mi corazón!»
Coro
¡Pater noster, gracia plena,
agnus Dei, kirie eleyson!
(Aproximándose disimuladamente.)
Lac.
(Laura.)
Laura
(Fernando.)
Lac.
(¿Te atreves?)
Laura
(Sí.)
Lac.
(No estés temblando,
confía en mí.
Coro
A ixn tiempo.
¡Bendita sea
la que su pasado llora
igual que la pecadora
de Galilea!
Laura ¡Bendito sea
el que eterno amor me jura,
— 41 —
pues salir de esta clausuru
mi alma desea!
Lac. ¡Bendito sea
por siempre mi bien amado,
y quiera Dios que á tu lado
siempre me vea!
Coro y ) Ya terminamos
Laura j nuestra oración,
y ahora esperamos
la absolución. (Lacerda las bendice.)
Ilattlndo
Sup. Ahora, padre, dadles vuestra bendición, y
con vuestro permiso que se retiren.
Lac. (Echándoles la bendición.) La paz del Señor sea
con vosotras. (Las ha}'' gaiapas.)
Todas Amén. (Vanse monjas y educandas. La Superiora
las acompaña hasta el final del pasillo, diciendo
antes:)
Sup. Madre Tornera, mandad con el Demanda-
dero lo que os dije antes.
Laura (Queda detrás y se acerca á Lacerda ) ¡Fernando
mío!
Lac. ¡Laura mía! ¡Nada temas! (Mira la Madre Méni-
ca; Lacerda -varía el gesto y le hecha una bendición:^
Eí cum spiritu tuo.
Más. Amén. (Vanse.)
Lac. ¡Dios mío, qué hermosa está! Que el Señor
me perdone esta calaverada y me saque con
bien de este trance y de estos hábitos con
los que ando á tropezones... ¡Nada, que si
no me los quito pronto, voy á romperme las
narices! ¡Y eso que me están un poco cor-
tos!
Sup.
L\c.
ESCENA Vm
LACERDA y LA SUPERIORA
Domine labia mea.
(¡Bueno! ¿Qué habrá querido decir?)
— 42 —
Sup. JDeo granas.
Lac. Deo...
Sup. Gracias.
Lac. (No hay de qué.)
Sup. Pasad, pasad, reverendísimo padre. (Pasan ai
locutorio y se sientan.) No podéis figuraros loS
deseos que teníamos en el convento de co-
noceros y oiros.
Lac. Muchas gracias... madre Superiora.
Sup. ¡Ah! Y á todo esto no os he preguntado por
la comunidad.
Lac. (¡Cuerno, ni falta que hacía!)
Sup. ¿Qué tal, qué tal el padre Rufo?
Lac. Pues como siempre, tan Rufo, digo, tan
bueno.
Sup. ¿Cómo tan bueno, pues y la gota"?
Lac. ¿Qué gota?
Sup, La que padecía.
Lac. ¡Ah, ya se le secó!
Sup. ¿De modo que de sus antiguas dolencias no
le queda nada?
Lac. Ni gota, madre Superiora.
Sup. ¿y decidme, cómo habéis venido tan pron-
to?
Lac. Porque el hermano Antolín me dijo que
deseabais conocerme.
Sup. ¡Ay! Tenéis en ese lego una alhaja. ¿Le
habréis dejado en oración?
Lac. (Le he dejado en calzoncillos, que es peor.)
ESCENA IX
DICHOS y EL DEMANDADERO que trae unos hábitos en una ban-
deja; sale por la segunda puerta del locutorio
Dem. Madre Superiora, la madre Tornera me
manda que os entregue esto.
Sup. ¡Ah, sí! (a Lacerda.) Esto es para vos.
Lac. ¿Para mí? (se levantan.)
Sup. Sí, es un pequeño presente que hace la co-
munidad todos los años al padre que viene
á predicar. Son unos hábitos.
— -Í3 —
Lac. ¡Ah, muchas gracias! Y decidme, ¿todos los
años viene un padi*e mo?tén... al convento'?"
Sup. Y algunos años vienen dos.
Lac. (¡Cuerno!) No os extrañe mi pregunta...
Sup. No, ya sé que sois nuevo en el convento, y
la falta de hábito...
Lac, (Ya ha notado que me está corto.) Este año
sentiría yo que viniera otro.
SüP. ¡Y yo también lo sentiría muchísimo! —
Bueno, ¿y á qué hora tenéis costumbre de
cantar misa?
Lac. Temprano; pero he pensado que si os es
igual en vez de cantar misa, cantaré otra
cosa cualquiera; porque yo las misas... las-
rezo nada más.
Sup. Bueno, bueno, como queráis, (ai Demandade-
10.) Hermano Demandadero, acompañadle
hasta su celda. (e1 Demandadero coge la bandeja
que dejó sobre la mesa y sale al pasillo.— A Lacer-
da.) Ya he advertido, contando con los rigo-
res de vuestra orden, que os preparen una
ensalada de acelgas y cuatro arrobas de
paja.
Lac. (Con extrañeza.) ¿Para qué?
Sup. Las acelgas para comer y la paja para dor-
mir.
Lac. Bueno, que... no se equivoquen, ¡eh!
Sup. Descuidad.
Lac. Pues hasta luego, y que San Cucufate os
guarde,
Sup. Y que á vos os acompañe.
Dem. No, no hay cuidado.
Lac. (Yéndose con el Demandadero.) No SG refiere á
vos, hermano.
Dem. ¿En qué quedamos? ¿No era yo el que tenía
que acompañaros?
Lac. Sí; pero es que ahora dice que me acompa-
ñe San Cucufate también,
Dem. ¡Bueno... pues vamos los tres! (vanse ios dos
porla puerta del pasillo.)
4 i -
ESCENA X
LA SUPERIOKA y LA TORNERA
íSup. ¡Qué santo, <|ué santo es ese buen padre!. ..
¡Nada, nada, esta noche después del Rosario,
voy á suplicarle que nos pronuncie una plá-
tica!
ToRN. (por la segunda del locutorio.) ¡Madre, madre Su-
perior a I...
Sup. ¿Qué ocurn\ madre Tornera?
ToRN. (Con misterio" ¿E.stamOS SOlaS?
Í5UP. Sí; ¿qué panay .
ToRN. Un suceso que os sorprenderá. En este mo-
mento acaban de llamar al torno el Mar-
qués de la Crin y su Maj^ordomo.
í^up. ¿El Marqués on el torno?
TuRN. Si; y me ha dicho que quería entrar en el
convento sin ser visto, y tener una confe-
rencia secreta con vos,
íSup. ¿Le habréiís liecho pasar inmediatamente?
ToRN. Sí; y como viene con tanto misterio, le hice
subir por la escalera del campanario, y ahí
fuera aguarda.
^up. ¿No le ha visto nadie?
ToRN. No; las educandas están en sus celdas.
'.'üP. Pues que ]>ase, que pase en seguida, (vase la
Tornera.) ¡El Marqués de la Crin aquí y con
tanto misterio!... ¿Qué le ocurrirá?
ESCENA XI
LA SUPERIORA, EL MARQUES y EL MAYORDOMO, por la segunda
puerta
Marq. (saludando.) j Reverenda madre!
SüP. Excelentísimo señor.
May. ¡Reverenda madre!...
Sup. Pasad, pasad. ¿Vos aquí y á estas horas?
Marq. Me trae un asunto grave; el señor es mi Ma-
3'ordomo y podemos hablar delante de él. —
Vengo á llevarme á Laura.
— 4o —
Sup. ¿Ocurre algo?
Marq. Os lo explicaré después, pero antes quisiera
merecer de vuestra gra,cia que nos dispen-
sarais hospitalitiaíl por esta noche.
Sup. Con mucho gusto.
Marq. Es preciso que Laura ignore mi llegada
hasta el momento de partir, que será maña-
na temprano.
Sup. Bueno, ya me contaréis; venid, yo misma
os llevaré por una escalera reservada al pa-
bellón en que podréis descansar. Vamos,
que pronto pasará i las educandas al coro.
Marq. ¡Vamos, vamos! (Vanse por la puerta inmediata á
la reja.)
ESCENA XII
LACERDA, sale por el pasillo.— Durante todo este monólogo y has-
ta el final del acto, óyense los acordes del órgano
¡Oh, felicidad suprema!... ¡Su letra! ¡Una
carta suya!... ¡Di(>s mío, tú que perdonas
á los que aman, ¡¡erdona esta locura... y lí-
brame de la AbaJx-sa!... (Mira á todos lados.) ¡Y
no hay nadie! Apenas me dejó el Deman-
dadero en mi celda, cerrando la puerta tras
si, me sorprendió el ruido de unos pasos me-
nuditos, me quedé inmóvil... (con marcada
alegría ) Un papel rápidamente arrojado en-
tró por debajo de li. puerta... Los pasos me-
nuditos se alejaron; sorprendido recojo el
papel, y era... ¡Era. una carta suya! (Leyendo.)
«Fernando mío: Tu presencia me asusta y
me regocija. ¿Qué intentas? Estoy dispuesta
á obedecerte; si quieres hablar conmigo,
después del toque de ánimas sal al tejado;
la ventana de mi celda está precisamente
enfrente de la tuya; puedes sin peligro re-
correr la distancia fjue separa las dos venta-
nas, y á través de la celosía hablaremos. Te
espero; si puedes ir al locutorio, por la reja
te estrecharé la mano. . Vamos al coro.
Laura.» — ¡Oh, Laura mía^ pronto serás mi
— 46 —
esposa! Y... (suena una campana.) ¡DemOllio!
llaman á coro, y ya se acercan. (Entra en ei
locutorio.) ¡Una cortina! Aquí me escondo.
(Se oculta.)
ESCENA ULTIMA
I-ACERDA, LAURA, monjas y edneandas. Luego EL DEMAN-
DADERO
Música
(vense pasar á través de la reja del locutorio, de de-
recha á izquierda, á las monjas y educaudas; éstas
cubierta la cabeza con tocas blancas.)
<JoRO Las pompas y galas,
del mundo ei bullicio,
son lazos que tiende
Satán tentador,
que dobla sus alas
y á eterno suplicio
vencido desciende
mas no vencedor.
(siguen cantando á lo lejos.)
LaC. (Viendo al Demandadero que, cruzando los claustros
se dirige al locutorio cargado con un gran capazo de
verduras) ¡El Demandadero! (ocultándose más.)
DeiM . (Dejando el capazo.) ¡Siete arrobas de espinacas!
¡Qué horror! (Coge la cuerda y toca la campana
según indique la mi'isica.— Pasa Laura y mete una ma-
no por la reja. Lacerda saca la cabeza de entre la cor-
tina y besa la mano.)
Lac. ¡Su mano! ¡Oh, vida mía! (Besando.)
Laura ¡No, no más!
Deím. (Mirando el capazo.) La Verdad 68 que hay para
hartarse. (Toca.)
L.'\c. ¡Hasta luego, (Besa.) mi bien!
Dem. Lo dicho; no hay nada mejor que la carne.
(Toca.)
Laura ¡Adiós!
Lac. jEl último! (Besa rápidamente.)
Dem. y vaya el último repique. (Toca con rapidez
igual á los besos de Lacerda. Óyese á lo lejos cantar
á las monjas y edneandas lo siguiente:)
Coro
— 47 —
¡Madre nuestra
sálvanos,
por nosotras
ruega á Dios!
Halilado
Laura ¡Adiós!
Lac. ¡Adiós!
DeM. (yéndose por la segunda puerta del locutorio.) ¡Y
qué tenga un hombre que comerse todo es-
to!... (Vase con el capazo.)
(sigue oyéndose el canto de las educandas. Lacerda
se aleja por los claustros rápidamente.)
FIN DEL ACTO PRIMERO
ACTO SEGUNDO
CUADRO CUARfO
Decoración. Tejados del convento. A la derecha, en tercer térmiao,
la torre del campanario; junto al mismo y á su derecha, for-
mando ángulo recto, una ventana, por donde saldrá Lacerda.
Frente á la misma, en el lateral izquierda, una reja con celosía,
que es la que se supone que ocupa Laura. Desde la ventana á la
reja tejado; en la pared vertical del mismo que da frente al pú-
blico, vense varias rejas con celosías, que ocupan las educandas
y monjas. Delante de estas rejas tejado en declive; inmediatamente
las copas de los árboles del jardín; después, y ya en el primer
término, tejados y chimeneas. En el lateral derecha del tejado en
declive, una puerlecilla practicable. Al fondo, tejados, cúpulas y
torres lejanas. Es de noche y está completamente nevado.
ESCENA PRIMERA
El DEMANDADERO andando á gatas por el tejado en declive; las
monjas y educandas tras de las celosías con luces en la mano
Música
Coro Mis... mis...
Morronguito, morronguito.
Dem. No le encuentro por aquí.
(Yo le juro al muy maldito
que se ha de acordar de mí.)
Coro Es nuestra delicia,
es nuestro regalo.
Dem. Lo que es si resbalo
49 —
Coro
Dí:m.
Coro
Dem.
Coro
Dem.
Coro
Dem.
me voy ;'i luatar.
¡Ay, pobre morrongo,
ya le hemos perdido!
¿A qué hal)rá salido?
Pues... a promiscuar.
Mis... mis...
Es más blanco que la nieve,
es legítimo de Angola;
cuando llueve
maya y mueve
dos ó tres veces la cola.
Es tan manso, tan monino,
pobrecito, se va á helar;
tiene un pelo
suave y fino
y una voz dulce al mayar.
(Podrá ser muy mono,
pero yo le mato;
no se la perdono
esta vez al gato.)
Buscad bien, hermano.
Estoy en un tris,
(si yo le echo mano
más no maya el mis.)
Mis... mis...
Aunque si yo fuera gato
también me vería así, (Andando á gatas.)
al gato le dan un trato
qvie no me lo dan á mí.
De fijo no comería
las espinacas que como,
y alguna me pasaría
la manita por el lomo.
" Yo si que sería
un gato modelo,
sólo de pensarlo
se me eriza el pelo.
Sería tan tuno
como este animal,
porque á mí el ayuno
me sienta muy mal.
— 50 —
OoRO . Cuidado, no vaya,
hermano, á caer.
!)em. Silencio, que maj^a.
Coro Echad á correr.
Buscad bien, hermano.
Dem. Estoy en un tris,
(si yo le echo mano
más no maya el mis.)
Coro. Mis... mis...
Dem. Por las tejas voy á gatas
tras el gato remolón;
si me rompo las dos patas,
¡vaya una complicación!
Se compadecen del gato
sin ver á lo que me expongo;
¡quién pudiera por un rato
permutar con el morrongo!
Yo sí que sería
un gato modelo, etc.
Coro Mis... mis...
(Retíranse monjas y educandas, y el Demandadero vase
por la puertecilla da la derecha.)
ESCENA II
Suenan tres campanadas pausadamente. Se abre la ventana que hay
junto al campanario, y aparece LACERDA sigilosamente. Viste el
traje de estudiante, pero sin manteo
I/AC. ¡Gracias á Dios! ¡Con qué impaciencia he
estado aguardando esas tres campanadas!
Las ocho menos cuarto; ¡la hora de la cita!
¡Dios mío! ¡Qué noche tan obscura y tan
fría! No acierto á andar por estos tejados. Si
al menos estuviera estrellado. (Resbala.) ¡Cas-
caras! Si no ando con tiento el que va á es-
tar estrellado voy á ser yo; y, francamente,
sentiría irme á la calle sin despedirme de la
Madre Superiora. ¡Maldita nieve!... Y no se
vé luz en ninguna celda... ¡Calle! Aquí se ve
luz por esta rendija. (Se acerca á la reja de la
— 51 —
torre y mira.) Sí: veo allí Una madre... ¿Qué
hace?... ¡Atiza! ¡Se está dando golpes con unos
zurriagos! ¡Pobres madres! ¡Cómo se mortifi-
can! ¡Qué cosc'ori'ones se está dando!... Va á
quedarse rendida, (vueive á mirar.) ¡Anda!
Pues no, no se ha quedado rendida; se ha
hecho la señal de la cruz... y está ya... co-
miéndose un papelón de bollos. ¡Se conoce
que no ha querido perdonar los bollos por los
coscorrones!... ¡Pero, Dios mío, parece que
Laura tarda mucho!... Me acercaré. La reja
de su celda debe ser aquella... (se acerca á la de
la izquierda.) ¡Sí! Ya parece que oigo...
ESCENA Iir
"DICHO y LAURA en la reja. Luego el BARBERO, que sale por de.
tras del campanario, da algunos pasos por el tejado, azorado, sia
sombrero, descompuesto. Al observar que hay gente en el tejado,
desaparece enseguiJa por la puerta que dejó abierta Lacerda
SIiisil;a
(Suenan tres campanadas.)
liAC. , Asoma á la celosía,
niña hechicera,
antes que la luz del día
tus ojos hiera.
Laura
¡Fernando! (a través de la celosía,)
Lac.
¡Laura! (Acercándose.)
Heme á tu lado,
mi bien amado.
Laura
No acierto á verte.
¡Qué obscuridad!
Lac,
JNo tengas, niña,
pena ninguna,
*
que hasta la luna
(Sale la luna, que iluminará á los dos.)
viene á ofrecerte
-su claridad.
— 52 —
(Suena la campana á intervalos.)
¿Por (jué suspiras
y no me miras?
Dime al momento
quién tu reposo
viene á turbar.
Laura Esa campana,
que oyes cercana,
que con su acento
tan misterioso
me hace temblar.
Lac. Nunca á su sonido
prestes atención,
ven y oye el latido
de mi corazón.
La luna más bella
se refleja en tí,
no mires á ella
y mírame á mí.
Laura En todas partes
tu imagen veo.
Lac. Tan sólo creo
en tí y en Dios.
Laura ) Que nuestras almai^
Lac. ] por siempre aduna,
fundiendo en una
las de los dos.
Laura Aunque á ese sonido
no preste atención,
su triste tañido
mata mi ilusión;
pues desde el momento
que encerrada fui,
va mi pensamiento
siempre en pos de tí.
¡Mi amor,
en pos de tí!
Lac. Nunca á ese sonido
prestes atención,
ven y oye el latido
— 53 —
de mi corazón.
La luua más bella
se refleja en ti,
nó mires á ella
y mírame á mí.
¡Mi bien,
mírame á mí!
Hablado
Lac. Pues sí, Lam-a mía, me era imposible so-
portar el martirio cíe tu ausencia.
Laura •. ¿Y qué intentas?
Lac. Realizar nuestra felicidad.
Laura ¿Pero cómo?
Lac. Saliendo los dos esta noche del convento;
mi amigo Mendoza nos aguardará desde las
diez en las tapias de la huerta con dos caba-
llos. Partiremos á escape, y mañana llega-
remos á Segovia; te llevaré á casa de mi
madre, 5^ allí, en sus brazos, libre de todo
peligro, esperarás el momento de que nos
unan para siempre... ¿Estás decidida?
L.'^URA ¡Ay! Fernando mío, yo no sé qué extraño
temor...
Lac. ¡Por Dios, Laura! ¿Dudas de mí? ¿No me
amas acaso?
Laura ¿Dudar de tí?... ¿No amarte?... ¡Imposible!
¿Pero cómo vamos á salir?
Lac. ¿Tú conocerás el convento?
Laura Todo.
Lac, ¿Quién tiene las llaves?
Laura . El Demandadero.
Lac. ¿y dónde duerme?
Laura En un pabellón, al lado del patio del torno.
Lac. ¿Está lejos la puerta de salida?
Laura Allí mismo. (En este momento sale el Barbero y
hace lo que se indicó.)
Lac. Basta. A las diez nos iremos. Tú saldrás de
• tu celda en cuanto oigas las diez campana-
das del reloj; yo estaré allí ya aguardándote.
Laura ¿Pero quién abrirá la puerta?
Lac. Mi astucia; confía en mí, y quizá mañana
seas ya mi esposa.
— 54 —
Laura
Lac.
Laura
Lac.
Laura
Lac.
Laura
Lac.
Laura
Lac,
De modo que á las diez...
¡En la sala del torno, y que Dios nos protc-
jal ¡Hasta luego; valor, Laura mía!
¡Adiós, Fernando!
Laura, estoy helado; si pudiera besar tu
mano, acaso su calor...
No, Fernando.
¿Te niegas?
Es imposible por la celosía. Cuando suba
del refectorio, al pasar por la puerta de tu
celda, podrás besar mi mano por la mirilla.
¡Gracias, amor mío!
Adiós. (Va á cerrar y oye el estornudo del Deman-
dadero.)
Adiós.
ESCENA IV
DICHOS y el DEMANDADERO por la derecha
Dem. ¡Atcbís! (Estorn'ida.) ¡Jesús!
Laura ¡Dios mío! ¿Has oído?
Lac. Sí; he oído así como un estornudo. ¿Qué se-
rá? (Pausa.)
Dem. Nada, que he cogido un constipado regular.
¡Todo sea por Dios... y por el gato!
Lac. Parece que anda un hombre por el tejado...
Laura Sí; debe ser el Demandadero. ¡Huye, Fer-
nando!
Lac, ¿y por dónde huyo?
Laura Por aquí, por la derecha, (cierra.)
Dem. Mis... mis...
Lac. (¡Zape! ¡Dios mío, si me vieran!)
Dem. ¡Menuda paliza te espera!
Lac. Me esconderé por aquí, (vase por detrás de la
reja de Laura.)
Dem. ¡Qué hará ese animal por el tejado con una
noche tan fría!... Mis... mis... Yo estoy tiri-
tando... ¡Atchís!... ¿Y dónde encontraría yo
á ese gato? (pausa.) ¡Ah, qué idea!... Debe
estar por detrás del campanario. Me parece
que esta mañana he oído mayar ahí á la
gata del sacristán... Vo}'' á ver... (Anda á gatas.)
— 55 —
¡Y tener que andar á gatas como los gatos!. .
Mis... (Suena la campana y se asusta.) ¡Demon-
tre; no me acordaba ya de la campanal (va^jc
por detrás del campanario.)
SllITACIOIir
CUADRO QUINTO
Pasillo del convento que conduce á la celda que ocupa Lacérela.
Puertas á izquierda y derecha; ésta con una mirilla
ESCENA PRIMERA
EL BARBERO, cojeando, sale por la izquierda, azoradisimo, sin
sombrero, con el traje descompuesto y sucio; mira á todos lados, se
dirige a la puerta derecha y mira por la cerradura; vuelve y cierra
la puerta por donde entró. Todo esto dando muestras de sobresalto
é inquietud. El monólogo dicho con gran rapidez
Uno aquí... otro aquí... otro aquí... otro aquí...
dos aquí... (señalándose diferentes partes del cuer-
po.) y veintiséis en la espalda... Total, j trein-
ta y dos cardenales!... ¡Un cónclave! — ¡Válga-
me San Antonio, abogado de los novios; San
Benito Palermo, abogado de las buenas pali-
zas, como la que me acaban de dar, y San
Alejo, abogado de las escaleras que acabo de
subir, bajar, saltar y rodar, entre una lluvia
de puntapiés, estacazos, bofetadas, empujo-
nes, cachetes, etcétera, etcétera, etcétera...
(pausa.) y etcétera! ¡Este último etcétera es el
palo monumental que me ha hecho perder
casi por completo el juego del tobillo; (cojean-
do.) y esto, no me pasa á mí más que por
tonto, por confiado, por bueno y por Mari-
quita!... Ella, Mariquita, es la que tiene la
culpa de todo; es decir, su tío el capellán.
¡Buena manera de pagar mis servicios es-
meradísimos! Porque cuando iba á mi bar-
bería, él era el parroquiano á quien yo afei-
taba con más interés. Para él la mejor bro-
~ 56 —
cha, el mejor jabón, sólo á él le lavaba la
cara con agua limpia, y le sacaba la coroni-
lla con un compás... Pero nn día, cuando le
acababa de repasar la nuez con una suavi-
dad encantadora, se levanta y me dice: «Pe-
drillo: sé que cortejas á mi sobrina, guárda-
te de rondí^rla la calle ó me veré obligado á
emplear otros medios.» — Desde aquél día la
prohibió sahr y no poiiiamos vernos; busca-
mos entonces un modo de hablarnos sin
que nadie se apercibiera, y le encontramos.
Por una escalerilla que tienen en el corra-
lón de su casa, subía yo todas las noches, y
ella se asomaba por una ventana. Así está-
bamos tan ricamente, hasta que esta noche
hemos pasado juntos la horita de costum-
bre, y nos hemos dicho las cositas de cos-
tumbre, y al irme yo, como de costumbre,
me dice Mariquita: «Pedrillo, quédate media
hora más», y yo por no dejarla mal... y por
no dejarla, me quedé la media hora. Me
despido de nuevo, vuelve á rogarme que me
quede otra media hora, y yo por no dejarla
mal... y por no dejarla, me quedé la otra
media... \y aquel par de medias me han
perdidol Porque cuando yo la estaba dicien-
do que nada había en el mundo tan fuerte
como mi cariño... [fuerte, pero muchísimo
más fuerte, fué el palo que me dieron en la
nuca!... Me atonté, y ciego, en la obscuridad,
les grité: «¡Cobardes, me pegáis por de-
trás!...» ¡y no fué bofetada la que me dieron
por delante!... Y como si aquello hubiera si-
do la señal convenida, una lluvia de palos
cayó sobre mí. ¡Yo me revolví, grité, 3'' como
un valiente quise defenderme... huyendo,
por supuesto, y viendo que no podía bajar,
tomé escalera arriba, y los palos detrás...
hasta que loco, frenético, llego al final de la
escalera, veo un tragaluz estrechísimo, me
estrujo, me prenso, me reduzco, do}'- un sal-
to heroico y salgo al tejado!... Entonces fué
cuando recibí el último etcétera en el tobi-
llo de esta pierna que se había quedado re-
— 57 —
trasada. Una vez allí, con la nieve escurre-
diza, las piernas débiles, el cuerpo magulla-
do, emprendo una fuga penosísima, y sin
saber qué hacer, llegué al tejado del con-
vento, vi una puertecilla abierta, y aquí me
he metido. Y buscando la salida, bajé esca-
leras, atravesé claustros, crucé pasillos, fui á
esconderme en un cuarto, pero era el refec-
torio donde las madres estaban haciendo la
colación... y no me atreví á colarme. ¡Volví
pies atrás y aquí estoy expuesto, si me des-
cubren, á dar con mi cuerpo en una de las
galeras del rey, por haberme metido en un
sitio como éste! ¡Dios mío, si yo supiera
quién fué el que le dijo al padre capellán
que hablábamos por la escalerilla!... Enton-
ces sí que iba á las galeras á gusto, ¡pero era
después de haberle matado! ¡Ay, si yo le co-
giese!;.. ¡Ay... ay... ay!... ¡cómo me duele
este cardenal! (cambiando de tono.) Y yo nece-
sito salir de aquí, pero salir inmediatamen-
te... (Pausa. Queda pensativo.) Si 5''0 me atrevie-
ra... En ese cuarto (ei de la izquierda.) por don-
de acabo de pasar, hay unos hábitos colga-
dos, y unas disciplinas y breviarios en la
mesa... debe ser la celda de un fraile. — ¡Ah,
Pedrillo, una idea salvadora!... Expuesto es,
pero si yo tuviera valor, me ponía esos há-
bitos, me colaba la capucha, y buscando,
buscando, yo hallaría la salida más fácil-
mente... ¿Y por qué no he de hacerlo?...
¡Animo! me juego el todo por el todo... y me
juego el otro juego del tobillo... ¡pero, salgo,
vaya si salgo!... (Entra en la celda.)
ESCENA II
DICHO, ya con los hábitos puestos y LAUR.\, dentro. Dan dos
golpes en la puerta de la derecha, llamando
Barb, (Saliendo.) Vaya, ánimo y á la calle.
Laura (Abriendo el ventanillo y llamando.) ¡Chist!...
¡chist!...
— 58 —
BaRB. (Asustado.) (¡Ay, DioS mío!) (Se acerca un poco>)
¿Quién?
Laura ¡Soy yo, bien mío!
Barb. (¡Caracoles!) ¿Qué?
Laura ¿No te ha ocurrido nada?
Barb. Todavía no...
Laura Me he acercado á cumplirte lo prometido, y
á decirte que según acabo de saber por la
Tornera, al anochecer entró secretamente en
el convento, nuestro tío el marqués de la
Crin.
Barb, ¿Sí?... (Me alegro, pero, ¿á mi qué me im-
porta?)
Laura (^Metiendo una mano por el ventanillo.) ¡Bcsa, besa,
que estoy impaciente por volver á la celda!
Barb. (¡Canastos, y mete la mano!... ¡Qué mano,
qué mano!)
Laura (impaciento ) ¡Anda, hombre, anda!
Barb. ¿Y qué hago yo con esta mano? (cogiéndola.)
Laura Besa, que me voy.
Barb, (¡Dios mío, y tengo que besarla, si no, me
descubro! ¡Pues yo no me descubro!) (Besa
muchas veces.)
Laura ¡Basta, hombre, basta!
Barb. ¡Ay, qué suave, pero qué suave! (sigue besan-
do.) (¡Yo no me descubro!... ¡Lo que tienen
que sufrir estos pobres frailes!)
Laura Adiós, (vase.)
Barb, (Mirando por el ventanillo.) ¡Rica, que vuelvas,
eh, que vuelvas! (oeja de mirar.) Pero, ¿qué
será esto? (Mirando.) ¡Y es rubia, y tiene un
talle, y unos pies, y unos andares!...
ESCENA III
DICHO y LACERDA, vistiendo el hábito, por la izquierda
Lac. (Sin ver al Barbero.) ¡Creí que no llegaba sano.
¡Maldito Demandadero, lo que me ha hecho
correr!
Barb. Pero, ¡qué rica! (Se vuelve y se ven ios dos, retro-
cediendo asustados.) ¡Ábrete, tierra... el verda-
dero padre!...
- 59 —
Lac. (¡Un fraile!... ¡María Santísima! ¡Debe ser el
padre Anselmo!... ¡Dios me valga!)
Barb. ¡El santo, éste es el santo!... ¡Santo! ¡santo!
¡santo!... (Dándose golpes de pecho. Se quedan los
dos á corta distancia y mirándose de reojo después de
haberse hecho iina reverencia.)
Lac. (Ha llegado mientras yo andaba por los te-
jados.)
Barb. (¿Y por dónde habrá entrado este santo?...
Estaría durmiendo.) (vuelven á mirarse y otia
reverencia.) ¿
Lac. (¡El compromiso es terrible!)
Barb. (¡El apuro es tremendo!)
Lac. (¿y yo qué hago* )
Barb. (¿Y yo qué digo?)
Lac. (Nada, las situaciones hay que resolverlas
con decisión.) ¡Padre!... (Dirigiéndose al Barbero.)
Barb. (Asustado, hace una reverencia.) ¡Padre! (¡Padre
nuestro que estás en los cielos!...)
Lac. Padre... por lo que veo sois mostén... como
yo. (Pausa.)
Barb. Como vos...
Lac y hará poco que habéis llegado... como 5^0...
Barb. Como vos...
Lac. ¿y seréis el padre Anselmo?
Barb. Como vos... digo, sí, sí, ¡el padre Anselmo!
Lac Entonces ya sé por lo que habéis venido
aquí: por el sermón de la bofetada.
Barb. Sí, por la bofetada...
Lac ¿y por los Siete Dolores?
Barb. jPor más, por más de siete!
Lac Pues por eso venía yo... pero... (Yo sé lo que
digo.)
Barb. (Nada, yo no le engaño.)
Lac ) ¡Padre! (Se arrodillan los dos á un tiempo, uno
Barb. j frente á otro. Pausa.)
Lac Padre, yo no he venido aquí por la bofetada.
(Con humildad.)
Barb. [Pues yo si!
Lac Ya lo sé. ¡Perdón! yo no soy fraile ni
mostén.
Barb. (¡Cuerno!) (Levantándose.)
Lac. No os enfadéis.
Barb. No, no, pero... ¿cómo que no sois?...
— 60 —
Lac. No, lio, señc^^'. El amor y una porción de
circunstancias fatales me han obligado á
entrar en esta santa casa, vestir este santo
hábito y fingirme lo que no S03^ Yo soy es-
tudiante; y comprendo que mi falta es tan
grave que no me levantaré de aquí sin que
. me deis vuestra absolución, (Se inclina espe-
rando la absolución.) [oh, reverendísimo padre!
^ARB. (con seriedad cómica.) ¡Hay uii inconveniente
para daros la absolución!
Lac. ¿Cuál?
Barb. (Muy conmovido.) Que soy barbero...
Ijac. ¿Qué?
Barb. ¡Que tampoco soy fraile! No os enfadéis.
Lac. (Levantándose.) ¿Cónio que no?
Barb'. (Arrodillándose.) No, no, señor; el amor y una
porción de coscorrones me han obligado á
entrar en esta santa casa, vestir estos santos
hábitos y fingir lo que no soy. ¡Yo soy bar-
bero; y no me levantaré de aquí sin que me
deis vuestra mano, porque tengo estropeado
un tobillo!
Lac. (Ayudándole á levantarse.) PerO, ¿UO OS burláis?
Barb. ¡Quiá, hombre, quiá!
Lac. ¿De modo que lo de los siete dolores es
mentira?
Barb. ¡No, lo de los siete dolores, no! ¡Ay!... (Que-
jándose.) Yo he venido aquí huyendo por los
tejados, porque me han dado una paliza ho-
rrorosa: vi en este liábito un medio de sal-
varme, me lo puse... y ahora me encuentro
en más peligro que nunca.
Lac. Pues yo estoy aquí por lo mismo que vos.
Barb. ¡Por una paliza!
Lac. No, por una mujer; por mi novia que está
encerrada en este convento y he venido á
llevármela.
Barb. ¡Zambomba! De modo que vos sois... el
que... ¡Vaya, ahora me explico una cosa!
Lac. ¿Cuál?
Barb. El por qué una educanda ha llegado á esa
puerta, ha metido la mano por el ventani-
llo y se ha empeñado en que se la besara.
Lac. ¡Demonio! ¿Y qué os ha dicho?
— 61 -
Barb. Que está aquí nuestro tío el marqués de la
Criu.
Lac. ¡Cómo!... ¡Dios santo!... ¿Qué decís? ¿El mar-
qués aquí?. . ¡Qué horror!... Es preciso ade-
lantar nuestra fuga; si vos me obedecéis...
Barb. ¿Qué?
Lac. Dentro de una hora estamos en la calle.
Barb. Contad conmigo... para la calle. ¿Qué hace-
mos?
Lac. Pues yo ahora mismo salgo al tejado, vuelva
á la celosía, hablo con Laura y ya os diré lo
que decidamos; mientras tanto, que nadie os
vea. (Entran los dos en la celda.)
ESCENA IV
El BARBERO, luego el DEMANDADERO. (Dan dos golpecltos en la
puerta derecha.)
Dem. (Dentro.) ¡Padre!... ¿Dais vuestro permiso^
padre?
Barb. (saliendo de la celda.) Ya está en el tejado. Pues,
señor, este encuentro, que yo creí al princi-
pio fatal, es lo que va á salvarme; ya le he
dicho que ande con cuidado por el tejado,
no vaya á irse á la calle, porque entonces sí
que me reventaba... y se reventaba él tam-
bién. (e1 Demandadero mete la mano por el venta-
nillo, intentando levantar el pestillo de la puerta, y
sus esfuerzos para conseguirlo, remeda el ademán con
que se llama á otro. El Barbero se vuelve y se fija en
la mano.)
Barb. ¡Qué veo! ¡Otra vez la mano! ¡La misma
mano blanca y suave!... ¡Ella, ella otra vez!...
Y parece que me llama... sí, me llama. Y el
otro en el tejado y yo solo; ¡qué compromi-
so!... (Mira á todos lados.) ¡Pero nada, yo no me
descubro! (Besa repetidamente.)
Dem. (ai instante.) ¡Oh, padre! ¿Qué hacéis?
Barb. (Retrocede ) ¡Cuerno! (Limpiándose los labios.) ¿A
quién le he besado la mano? ¡Pinchaba, pin-
chaba!...
- 62 —
¡)eM. (Que La levantado el pestillo, entra asustado, con la
cara compungida.) ¡Padre! (Asomando la cabeza.)
Barb. (¡Horror!) (se caía la capucha.) (¿Quién será
éste?)
Dem, Padre, conocía vuestra humildad, pero no
puedo consentir que la llevéis hasta besar la
mano á un pobre demandadero...
Barb. (¡Es el Demandadero!)
Dem. Padre, yo me he atrevido á venir á molesta-
ros, porque necesitaba de vos.
Barb. ¿Y qué necesitabais de mí, hermano? por-
que tengo mucha prisa.
Dem. Pues, yo deseaba contaros dos cosas que he
hecho hoy, para que me digáis si estoy en
pecado mortal.
Barb. Veamos qué cosas son.
Dem. Oídlas.
Barb. (Alguna tontería.)
Dem. Esta mañana, padre, en cuanto me levanté...
tuve que estercolar dos bancales de lechu-
gas, y cuando acabé...
Barb. ¿Os lavasteis las manos?
Dem. No, señor.
Barb. (Limpiándose los labios.) ¡Mal hccho, mal hecho!
Dem. Bueno; pero no es eso lo grave.
Barb. jNo ha de ser!
Dem. Lo grave es que con el trabajo se me abrie-
ron unas ganas de... no comer espinacas,
que fui y me comí media liebre.
Barb. ¿Y después?
Dem. La otra media. Y luego espinacas, porque
como era vigilia de precepto; y luego una
perdiz, porque como era escabechada... ¿Será
mortal, padre?
Barb. Con menos han reventado otros.
Dem. Si me refería al peoado.
Barb. ¡Ah! el pecado, veremos... veremos. ¿Os que-
da algo más?
Dem. Otra media liebre.
Barb. Me refería al pecado.
Dem. Sí, señor, me queda otro pecado, y este es el
más grave.
Barb. ¿Y no podríais dejarlo para mañana?
Dem. ' Padre, si es qu^ me pesa sobre la concien -
— G3 —
cia de un modo terrible. ¡Es un secreto que
me atormenta!...
Barb. Bueno, pues decidlo pronto.
Dem. Veréis. En una casa próxima al convento,
vive un padre capellán muy bueno...
Barb. (¡Cascaras!) ¡Seguid, seguid!
Dem. Que tiene una sobrina muy guapa.
Barb. Sí, j'^a, ya; ¿y qué? Seguid, (con interés.)
Dem. y esta sobrina tiene un novio barbero de
muy mala fama...
Barb. ¡Mentira'.
Dem. ¿Qué?
Barb. Que parece mentira, (se echa más la capucha.)
¿Le conocéis?
Dem. Ni quiero. Bueno, padre, pues es el caso,
que sin que lo supiera el tío, hablaban los
novios por una escalerilla, 3^ yo los vi y se lo
dije todo al capellán; y de acuerdo con él,
lie buscado gente para que le dieran una
paliza esta noche, y creo que tan fuerte se
la han dado, que Dios sabe el pobre barbe-
ro cómo estará á estas horas, (ouraute este dia-
logo, el Barbero hace gestos de asombro é iadigna-
ción.)
Barb. (paseando agitadlsimo y en actitud amenazadora.) Ra-
biando, rabiando! (¡Ha sido este el misera-
ble!) ¡Oh! ¿Conque has sido tú, (zarandeándo-
le.) has sido tú el infame que ha cometido...
ese pecado!
Dem. Yo, padre; pero, por Dios, (Asustado.) sol-
tadme.
Barb. ¿Conque has sido tú? ¡Tú, el que tienes la
culpa de que hayan magullado á ese pobre-
cito barbero! (¡.\h! ¡Si no fuera por la situa-
ción en que me encuentro!) Pero no te esca-
parás, no te escaparás!... (zarandeándolo.)
Dem. ¿Deque?
Barb. ¡Del infierno!
Dem. ¿De modo que creéis que es mortal?
Barb. ¿Que si es mortal?... ¡Infame! ¡Considera si
el barbero te tuviera cogido por el cuello!
(Le aprieta el cuello.)
Dem. ¡Padre, que me ahogáis!
Karb. jTe estrangulaba, hombre, te estrangulaba!
— 64 -
Dem. Ya sé, ya sé que mi culpa es grave, porque
precis^unente he Iniscado para que le pega-
ran á los más brutos del pueblo: al carpinte-
ro, al zapatero, tres ó cuatro más y al he-
rrador.
Barb, (Entonces ya sé quien me ha hecho lo del
tobillo.)
Dem. y ahora deseo que me deis vuestra absolu-
ción. (Se arrodilla mirando al suelo.)
Barb. ¡Mi absolución! Yo os daría, yo os daría...
(Le amenaza, y cuando mira parece que va á darle
un puñetazo.) mi absolucióii, pei'o...
Dem. ¡Dádmela, padre!
Barb. (Vamos, que no se si darle la absolución ó
darle dos puñetazos!) (Haciendo con la mano mo-
vimientos como para bendecirle y para pegarle.)
Dem. ¡Perdonadme!
Barb. Bueno; pero habéis de cumplir la peni-
tencia.
Dem. Decidme; estoy dispuesto á cumplirla.
Barb. Bien, pues como ha sido la culpa tiene que
ser el castigo. (¡Te voy á reventar!) (vase á la
celda.)
Dem. ¡Pero, Dios mío, cómo le indignan los peca-
dos! ¡Es un santo!... Si lo sé, no vengo.
Barb. (saliendo.) La penitencia es que con estas
disciplinas os deis quinientos veintidós zu-
rriagazos, repartidos por todo el cuerpo, y
con el palo de los zurriagos, cincuenta gol-
pes en el tobillo derecho.
Dem. Pero, padre... ¡son muchos golpes!
Barb. ¿Que son muchos golpes?... Pues podéis des-
contar estos que voy á daros yo mismo, y
serán menos.
Dem. jPero, padre!...
Barb. Tomad, ¡así, así!... (pegándole despiadadamente.
El Barbero le persigue por toda la escena, pegándole.)
Dem. ¡Por Dios! ¡Por Dios!...
Barb. ¡Así hay que pegarse!
Dem. ¡Ay!... ¡Ay!... ¡Socorro!
Barb. ¡Toma, bribón, toma!
Dejvi. ¡Dios mío, que me matan! (Huye por la puerta
de la derecha.)
— Üíi -
ESCENA V
El BARBERO , luego el DEMANDADBEO y LACERDA
Barb. ¡Gracias á Dios! ¡Me he desahogado, hom-
bre, me he desahogado! Parece que ahora
estoy más tranquilo,
Dem. (Asomando la cabeza.) Padre, ¿me dais las dis-
ciplinas?...
Barb. ^ ¡Toma, granuja! (Le atiza dos zurriagazos. El De-
mandadero huye cerrando la puerta.)
Lac. (Por la izquierda. Encuentra al Barbero dando zurria-
gazos á la puerta.) Pero... ¡eh!... ¡eh!... ¿Qué ha-
céis?... ¿Estáis loco?
Barb. ¡Loco de alegría! ¡Le he dado al Demanda-
dero cuarenta zurriagazos!
Lac. ¿Por qué?
Dem. Porque no he podido darle más. Ese pillo es
el que me delató.
Lac. Bueno, dejaos de eso, y arreglemos nuestra
fuga. Laura está enterada de todo y decidi-
da á huir en este momento.
Barb.
Lac.
¡Pues, ánimo!
Callad, (pausa.) Sí, ella se ac
ESCENA VI
DICHOS y LAURA por la derec
Laura
Lac.
Barb.
(Entrando.) ¡Fernando!
¡Laura!
¡Señorita! (Una reverencia.)
Miisica
Lac.
Laura
Lac.
Laura
Lac.
Laura
Ya llegó la hora.
Ya llegó el momento
Llegó la ocasión. .
Dejar esta casa. ;
Dejar el convento.
Dejar la prisión.
~ m —
¿Quién es ese hombre? (Por el Barbero.)
Lac. Un pobre diablo.
Barb. Per sécula amen, (saludando.)
Lac. Aunque lo parece,
ni es fraile ni es lego,
ni es padre mostén.
(Quedan hablando bajo.)
Barb. Yo soy un barbero
de parroquia escasa,
corto, afeito y rizo
á la perfección.
Y al Demandadero
de esta santa casa,
he venido á darle
el primer Jabón.
Lac. y ) Todo está dispuesto,
Laura ) todo está previsto,
nadie nos ha visto,
marchemos de aquí.
Barb. ¡Ay, en cuanto salga,
la Virgen me valga
si me encuentro al cura
ó él me encuentra á mí!
Barb.
Laura
Lacerda
Dios mío,
Callemos,
mi tío
despacio
el noble
podemos
marqués.
huir.
¿Qué hacemos?
No sea
De prisa
que alguno
marchemos
nos vea
los tres.
salir.
Ay pobre
Darbero,
si acaso
te ven
con estas
hechuras
de padre
mostén! (Vanse
por la d«r«cha.)
— 67 —
CUADRO SEXTO
■1.»eeoración: Sala del torno. A la derocha en primero y segundo tér-
mino, puertas; en tercer término, otra puerta grande en forma
(le verja, que conduce al jardín. A la izquierda, una puerta. En
el foro y á su izquierda, pequeña puerta que se supone da á una
escalera de caracol; un tragaluz á conveniente altura de la puer-
ta. A la derecha del foro otra puerta no practicable. En el ceu-
1ro uu torno grande practicable. Una mesa con breviarios, sillón
^le cuero y sillas. •
ESCENA PRIMERA
El PEM,\NDADERO con un farol y unas llaves; sale quejándose,
molido y maltrecho por la izquierda
Dem. ¡Ay, ay, Dios mío, me ha molido! Si yo sé
esto, ¡cualquier día me confieso! Porque la
verdad es que ese padre es un .. santo. ¡Qué
indignación cuando le dije lo del barbero!
¡Cómo le enfurece el pecado!... Es un justo^
porque cuando á mí me ha pegado con tan-
ta fuerza... ¿cómo se pegará él? Mucho más,
mucho más... flojo... ¡ Ay, ay, qué dolor; cómo
me duele aquí! (Tentándose el lado derecho.) PerO
es claro, Dios mío, si me ha roto un hueso.
(Saca del bolsillo el hueso que se guardó antes, roto
en dos pedaz(,s.) ¡El de la liebre! Naturalmen-
te, si me dio en dos segundos la mitad de la
penitencia... No me faltan más que los del
tobillo; pero lo que es esos , me parece que
no me los doy.
ESCENA II
DICHO y la SUPERIOR A por la primera derecha
T)em. (La Superiora.) (coge ei farol.)
Sup. (Lleva otro farol.) Pei'o, hermano, ¿qué hace
aquí sin haber cerrado todavía las puertas
del convento?
— 68 —
Dem. Madre Siiperioia, es que tengo un dolor muy
fuerte y no puedo moverme; me duelen
todos los huesos, ¡ay!
Sup. Dolor de corazón debía tener, hermano. Más
valdría que en vez de quejaros de males
quiméricos, hicierais examen de conciencia
y fuerais á confesaros con el padre Anselmo.
J)em. (¡Si, enseguidita, enseguidita me confieso
con ese padre!)
Sup. Yo voy á seguir mi inspección por el con-
vento; conque cerrad pronto y retiraos á des-
cansar.
Dem. Sí, que buena falta me hace , madre Supe-
riora. (Vase la Sxiperiora por la segunda derecha.)
Cerraré y volveré pronto para meterme en
lU cama. (Vase por la puerta del jardiu.)
ESCENA III
LAUU.^, LACERO A y BARBERO entran coa mucho sigilo por lí»
puerta izqiiierda
Barb. jChist .. silencio, precaución!
Lac. ¿No hay nadie aquí?
Barb. Nadie.
Laura ;Si nos descuidamos!...
Barb. jSi nos descuidamos nos ve la Tornera! (vs».
examinando las puertas.)
Laura ¿Y nuestro tío, Fernando, y nuestro tíoV
Lac. No temas nada, le he dejado una carta que
le tranquilizará.
Barb. Bueno; es preciso no perder tiempo. Señori-
ta, ¿de aquí por dónde salimos?
Laura Por esta puerta (señalando la del foro derecha.)
que da á la sala del torno.
Barb. (Acercándose á la puerta.) ¡Si esta puerta está.
cerrada! ,
Laura Pero tendrá la llave puesta por fuera, que
así la deja el Demandadero cuando se acaban
las horas de torno.
Barb: Pues se me ocurre una idea salvadora.
I^c. ¿Cuál?
— 69 —
IUrb. Salir yo por el torno, ver si puedo abrirla .y
examinar el terreno.
Laura ¿Y si encontráis al Demandadero?
BarB. Le convenzo enseguida, (sacando de debajo ae
los hábitos las disciplinas.)
Lac. Pues, fuera, manos á la obra.
Barb. ¡Manos á la obra! (Salta ai torno y se coloca conve-
nientemente én lino de sus huecos.)
Lac , Si no pudierais abrir, volved á entrar por el
torno.
Barb. Si no está la llave puesta, yo daré dos gol-
pes y dad la vuelta. (Laeerda da la vuelta al
torno.)
Lauka ¡Yo no puedo más, yo estoy asustadísima!
Lac. Animo, Laura, confía en mi amor.
Laura ¡Cuidado! (Escuchando.)
Lac. Parece que abren esa puerta. (La primera dere-
cha.) "^
Laura í Ay, sí, Dios mío, ocultémonos!
JiAC. Sí, esperemos que pasen. (Laura se esconde en
la puerta izquierda; Laeerda en la puerta izquierda
del foro.)
ESCENA IV
auOHOS y el DEMANDADERO. (e1 Barbero da dos golpes en el
torno.)
Dem.
Lac.
Dem.
Lac.
í)em.
Ea, ya he cerrado. (Sale por la primera derecha
con un lio blanco'^n la mano y el farol.)
(Asomando la cabeza.) ¡El Demandadero! ¡Maldi-
to viejo!
Le dejaré al sacristán su sobrepelliz, para
que la encuentre mañana temprano y no
me despierte á las tres como hace el muy
picaro todas las madrugadas.
(¿Qué hará?)
El tiene mala intención, pero míe las va á
pagar; voy á aconsejarle que se confiese con
el padre Anselmo... y cuando le diga lo de la
cera, ¡no van á ser correazos! ¡Me río de pen-
sarlo! Ea, la dejaremos aquí(se dirige ai torno.)
y que la coja por fuera mañana por la ma-
— 70 -
Dem.
Barb.
Dem,
Bar».
Lac.
Dem.
Lac.
Dem.
Barjb.
ñaña. (Da vuelta al torno y se encuentra con el Bar-
bero, retrocediendo asustado.)
¡Ay! ¡Dios mió, hoiTor! ¿Qué es esto?...
|Cuerno! ¡Ah!... (Salta del tomo, se arreja sobre el
Demandadero, tirándole el farol y emprendiéndola con
él á correazos.)
(Huyendo.) ¡Dios mío, el padre, el padre otra
vez! (Va á subir por la escalera del campanario, en-
cuentra á Lacerda y retrocede más asustado.) ¡Otrf»
padre!...
¡Quieto! (zarandeándole.)
(saliendo.) ¡Silencio!
¡Qué es esto, Virgen santa!
(a Laura.) Sal. (Sale cubierta con un manto.)
¡Otro padre! ¡Dios mío, una comunidad en-^
tera!
¡Calla, granuja! (Dándole un puntapié.)
Música
Barb. ¡Silencio!
Dem. ¡Dios mío!
Laura Fernando, ¡qué horror!
Lac. No temas, que todo
lo vence el amor.
JjAüra Si ese hombre resiste...
Barb. Dejádmelo á mí.
Si resiste, vivo
no sale de aquí. (Le da un zurriagazo."
Dem. (Qué listo es el padre
para sacudir,
él la penitencia
me va á hacer cumplir.)
Barb En el instante,
(Laura y Lacerda observan si viene alguien.)
Demandadero,
ese llavero
me vais á dar.
Porque las puertas
de este convento,
en el momento
quiero salvar.
Dem. ¿Vais á marchar?
¡Padre, por Dios!
~ 71 —
Barb. Yo soy tan padre
como sois vos.
Dem. ¡Válgame el cielo!
¿Qué me decís?
¿No sois un padre?
Barb. Como lo oís.
Por indiscreto,
por delator,
por comer carne,
por hablador,
por sin vergüenza,
por malandrín,
á zurriagazos (Le ameuaza.)
vais á morir.
Dem. Por San Clemente,
por San Ramón,
por San Tadeo,
San Simeón,
por Dios bendito
tened piedad,
y sino hágase
tu voluntad.
Lac. Por tu hermosura,
por mi pasión,
porque te adora
mi corazón,
esta aventura
loco intenté,
y al fin, mi Laura,
te salvaré.
Barb. Ese llavero
me vas á dar, etc.
Dem. Todas las llaves
yo le daré.
Laura Por tí tan solo,
sólo por tí,
esta locura
yo cometí.
Dios, de nosotros
tendrá piedad,
y sino hágase
su voluntad.
Dem. Todas las llaves
yo le daré.
Lac.
Al fin, mi Laura,
te salvaré.
Laura
Dem.
J.AC
Barb.
A nn tiempo
Dios, de nosotros
tendrá piedad,
y sino hágase
su voluntad.
Por Dios bendito
tened piedad,
y sino hágase
tu voluntad.
Esta aventura
loco intenté,
'y al fin, mi Laura,
te salvaré.
Por sin vergüenza,
por malandrín,
á zurriagazos
vas á morir.
Hablado
Dem. (Arrodillado.) ¡Señores, perdón; perdón y no
me matéis!
Lac. ¡Dadnos las llaves inmediatamente!
Dem. Aquí están... esta es... la de la huerta y...
esta... la del torno...
Laura Huyamos por la huerta.
Lac. Vamos. (Se dirigen á la verja y abren.)
.Barb. Tú al suelo, y un cuarto de hora sin mover-
te; ¡y como vea yo que te levantas antes!...
(Le da un zurriagazo y el Demandadero se echa en el
suelo.)
Dem, ¡No... no... no!...
Barb. ¡Huyamos! (Vanse ios tres por la verja. El De-
mandadero va á levantarse, mira de reojo á ver .si
se han ido, y entra el Barbero.) ■
Barb. (Le daré otro.) ¡Granuja! (Le da otro y vase
corriendo.)
Dem. ¡Ay, ay, que no me levantaba, que no me
levantaba! (Pausa. Se levanta muy atemorizado.)
¡Ya se han ido! ¡Dios mio^ qué gente será
esta que anda de tal modo por el convento!...
¡Y se han llevado las llaves!... ¡Y han huido!
¿Serán ladrones?... Yo pido socorro. (Gritan-
do.) ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Madre Superiora!...
¡Socorro^ que nos roban!... (va á la escalerilla
del campanario y tira de nna cuerda que pende del
techo, oyéndose la campana.)
ESCENA V
liEMAN'DADERO , SUPERIORA, CORO de monjas y edueandas.
T.nego el MARQUÉS y el MAYORDOMO por la primera Izquierda
música
Dem. (üíindo grandes voces )
¡Auxilio, favor, socorro,
que me matan, ay de mi!
Coro (saliendo asustadas.)
¿Qué sucede, qué ha ocurrido,
cómo alborotáis así?
Hablad, hablad
por caridad.
Deri. |Ay, hermanas
de mi vida,
• me han matado,
digo, no,
me han molido,
me han robado
tres bergantes...!
Coro ¡Ah!... ¡Oh!...
8up, Decid como fué.
Dem. (Temblando y sin poder hablar.)
No sé si podré.
— 74
Vino nn padre,
y otro padre,
y otro padre
vi después.
Y ni el padre
era tal padre
ni ninguno
de los tres.
Porque el padre
era una madre,
dicho sea
con perdón.
Y la madre
y los dos padres,
son tres padres
1 que no son.
Todos
Ha perdido (con gran exlrañeza.)
la razón.
Dem,
Han huido,
se han marchado,
me han robado
ya lo ven.
Y yo vengo
porque tengo
mucho miedo
del mostén.
Todos
¿De quién? (con asombro.)
Dem.
De ese padre
que no es padre,
ni predica
la pasión.
Pero en cambio
si se ciega,
pega, y pega
sin razón.
Todos
¡Qué confusión!
Dem.
Vino un padre
y otro padre...
Sup.
Basta, hermano.
por favor.
Esas cosas
no suceden
en la casa
del Señor.
75
T(JDOS
¡Oh!
Sup.
¿Cómo nadie se atreviera
esta casa á profanar?
Todos
¡Ah!
8up.
¿Quién la calma de un convento
intentara perturbar?
Todos
¡Ah!
J^EM.
¿Quién me ha dado una paliza
mucho más que regular?
Todos
¡Ah!
Dem.
¿Quiénes eran los tres padres
que no saben predicar?
Todos
¡Ah!
(>)RO
Algo debe de influir (c;oii misterio.
en su extraña turbación,
cuando no sabe decir
los tres padres quiénes son.
De la cabeza á los pies
tembloroso el pobre está,
si eran dos padres ó tres
luego se averiguará. ■
¡Ah! ¡Ah!...
Qué será, qué será.
Todo el convento rev^uelto está.
Marq.
(saliendo por la derecha.)
¡Ay, madre Abadesa!
Sup.
¡Ay, noble Marqués!
Coro
(Si será este viejo (con jaisterio.)
uno de los tres.)
Marq.
Aquí vengo echando el... (xose.)
May.
(Que habrá salido con él.)
hígado.
Marq.
No me deja hablar la... (ídem )
May.
cólera.
Marq.
Y vengo á armar un es...
May.
... can dalo.
Marq.
como Laura no esté aquí.
Repasad bien esta e... (ídem.)
May.
. . .pistola.
Marq.
Y decidme por San... (ídem.)
May.
Críspulo,
Marq.
Quién es el audaz mi... (ídem.)
May.
...sérrimo.
Marq.
Que mi honor maltrata así.
7Ü
May,
Marq.
Sup.
Marq.
Coro
SuK.
-Coro
Marq.
May.
Coro
Marq.
Sup.
Dem.
Al ser asaltada
la casa de Dios,
(Le entrega una carta á la Abadesa.)
sois de esta enibos...
(Tose y da con el codo al Mayordomo para que ter-
mine la frase.)
La tos, la tos.
(Terminando la palabra que por la los no puede ter-
minar el Marques.)
...cada.
La culpable vos.
¡Dios mío, Laura! (Aterrada.)
Esto es cruel.
¡Ha sido Laura! (Con gran sorpresa.)
¡Dios de Israel!
¿Quién será él?
Sois de este rapto
culpable vos.
Calma, que puede
daros la tos,
¿Quiénes serían
los otros dos?
Cómo ha podido...
Yo no lo sé.
Con vuestra venia
yo os lo diré. (Atención en todos )
Vino un padre
y otro padre,
y otro padre
vi después,
y ni el padre
era tal padre
ni ninguno
de los tres.
Porque el padre
t«ra una madre,
dicho sea
con perdón;
y la madre
j los dos padres,
son tres padres
que no son.
CoKo ;Qné explicación!
Ma;;(,v. ¡Qué confusión!
MviY. ¡Qué discreción!
Sup. ¡Por compasión!
Makq. Estáis, vive Cristo,
falto de razón.
Dem. Vos no os habéis visto
en mi situación.
May. Aunque os ha dolido,
más vale, Marqués,
que haya sucedido
antes que después.
Marq. ¿Cómo habrán podido
burlar á mi Marqués'?
Todo me ha salido
siempre del revés.
Coro ¡Qué suerte ha tenido,
qué dichosa es,
haber conseguido
en vez de uno tres!
Sup. Culpable no he sido
mi noble Marqués,
mas perdón os pido,
vedme á vuestros pies
Dem. jQué bien me han molido
á palos los tres;
estoy dolorido
quizás para un mes!
M\RQ. Que salgan de prisa
los mozos del pueblo
y mi Mayordomo.
Coro Eso es lo mejor.
^Iarq. y si los atajan,
y si los encuentran,
que á los dos los aten
sin ningún temor.
Co.io De prisa, corriendo
los dos deben ir,
aun pueden, si quieren
sus pasos seguir.
— 78 —
Dem. )
Mav. j
Corriendo, volando
voy de ellos en pos,
y vivos ó muertos,
rae traigo á los dos.
Coro
Salid,
volad,
corred,
marchad.
Marq.
¡Salid!
OORO
Salid.
Marq.
¡Voladl
€ORO
Volad, etc.
FIN DEL ACTO SEGUNDO
ACTO TERCERO
CUADRO SÉPTIMO
Decoración. El molino y alrededores. En el centro do la escena, y
hacia el foro, el molino; puerta frente al público, á la cual da
acceso una rampa ruinosa. En la pared de la derecha del mismo,
que es oblicua, con respecto á la cara anterior, la rueda del
ra.olino. Detrás una cascada. En el lateral izquierda el granero
con puerta practicable. En el derecho, segundo término, fachada
del pajar con puerta. Al foro telón de campo. Es de noche, antes
de romper el alba.
ESCENA PRIMERA
CORO GENERAL DE MOZAS y MOZOS que bajan al molino. Algu-
nos cargados con psqueños sacos blancos, que dejan junto á la
rampa en cuanto salen. Luego EL MOLINERO, MOLINERA y
MOZO 3,"
ñnsica
Ellos Molinera, (Dentro.)
ven ligera.
Ellas Molinero,
ven ligero.
Ellos Que te espero.
Ellas Ten espera,
Ellos
Ellas
zalamero!
Zalamera!
Molinero!
Ellos ¡Molinera!
— NO —
Ellos Levántate, que 3'a es hora;
sacude el sueño y despierta,
molinera encantadora,
antes de que entre la aurora
por el umbral de tu puerta.
Ya el lucero matutino
muy pronto podremos ver;
no te salgas del camino,
molinera, que al molino
vas antes de amanecer.
Ellas Me levanto sin demora
cuando el deber lo reclama,
que á la que es madrugadora
la luz de la blanca aurora
no la sorprende en la cama.
Espérame si al molino
llevas el trigo á, moler,
que yo de noche no atino,
y es muy quebrado el camino
para ir sola una mujer.
Ellos Ellas
Antes que brille Yo también quiero
la luz primera, tu compañía;
ven molinera; ven molinero;
cantemos juntos cantemos juntos
una canción. una canción.
Y aun cuando el día Y aun cuando el día
tarde despierte, tarde despierte,
con sólo verte con sólo verte
creeremos todos no ha de inspirarme
que salió el sol. nada temor.
— ¡Molinera!
— ¡Molinero! etc.
(Se oye el loque de alba.)
Todos Ya las campanas anuncian
del día el primer albor.
Ángelus Domine,
bendito y alabado sea el Señor.
— ül —
(Empieza á amanecer.)
De alba el cielo recibe
los tonos de luz suaves;
ya todo revive;
ya caiitan las aves.
Ante los albores
sacude el hastio,
ya se abren las flores
que escarcha el rocío.
El día 5^a avanza,
la noche decrece,
un sol de bonanza
por fin resplandece.
¡Cuánta luz, cuánta armonía!
¡Oh, qué mágico embeleso!
¡ Mira á la noche y al día
dándose el último beso!
(Saliendo todos. Los mozo» persiguiendo a las mozas )
Ellos ¡Molinera retrechera!
ICllas ¡Molinero juguetón!
Ellos ¡Vierte en mis brazos quisiera!
• Ellas No es muy buena la ocasión.
; Las manos ten quietas.
Ellos ¡Preciosa, divina! ^
Ellas ¡Por Dios, no te metas
tan pronto en harina!
Ellos ¡Me abraso, me muero!
Ellas ¡Apaga la hoguera!
Ellos ¡Por Dios, molinera!
Ellas ¡Por Dios, molinero!
Ellos No me desdeñes.
Ellas ¡Qué desatinol
Ellos Aunque te empeñes
(corriendo tras de ellas.)
mía has de ser.
¡Vuelve á mirarme!
Ellas ¡Dale, molino!
Ellos ¿Quieres matarme?
Ellas ¡Ay, qué moler!
Ellos Vente conmigo;
moleré trigo
pai'a que comaB
- 82 —
buen candeal.
Serás mi esposa,
niña preciosa.
Ellas Ya eso es harina
de otro costal.
(Se adelantan al proscenio formando parejas.)
Todos
Bajaremos muy temprano,
en paz y en gracia de Dios,
con un saco en cada mano
llenos de trigo los dos.
Ya verás si nos casamos,
como bien pudiera ser,
¡qué buenos ratos pasamos
viendo la rueda moler!
Ris, ras, ris, ras.
Ellas
Tu amor se adivina,
no me digas más.
Ellos
Ris, ras, ris, ras.
Ellas
Al fin en harina
metiéndome vas.
Ellos
Ris, ras, ris, ras.
Ellos
¡Si desde esta fecha
á serme fiel vas!...
Ellas
Ris, ras, ris, ras.
Ellos
¡Qué buena cosecha
de trigo tendrás!
Todos
Ris, ras, ris, ras.
Pellos
¡Qué dicha me espera!
Ellas
¡Tan pronto no quiero!
Ellos
¡Por Dios, molinera!
Ellas
¡Por Dios, molinero!
Todos
Ris, ras, ris, ras.
(Vanse los mozos, excepto dos.)
HaMado
Mozo 1.*^ (ai Molinero que momentos ames ha salido )>or ln
puerta derecha.) ¡TÍO Bruno, á vcr SÍ me des-
pacháis pronto estos sacos!
Molo, Arrímalos ahí.
Mozo 2.0 Pues yo también tengo prisa.
Mozo 1.0 Y yo.
Todos jY yo, y yo!
- 83 -
3\1()L.» (Que ba salido por la derecha.) Todo Se andará;
vamos con calma.
Mozo 1 o ¿Y á mí no hay qnien me muela?
MoL.t' (a la Molinera ) |Tú, Casilda, muele á éste!
^lOL.**^ ¡Allá VOyl (<'oge un saco y entra en el molino, sa-
liendo en seguida.)
i\I<tzo 2.0 (ai Molinero.) ¡Oye, Bruiio; la verdad, quisie-'
ra que me molieras antes que cá esos!
Mor.. o Bueno, hombre.
Mozo 2.0 ¡Ah, escuchadme! ¿Y sabéis alguno qué ha
sido el jaleo que hubo esta noche en el con-
vento?
Moi..^'' ¿Pues qué ha pasao?
Mozo 1.* Hombre, yo no sé más, que allá á las once
se oían tocar á rebato las campanas interio-
res del convento, y se veía á las monjas á
través de las celosías cruzar volando cou
luces en la mano.
MüL.'a Será que habrán llegao padres misioneros.
MoL.*^* ¡Mujer, por dos ó tres padres no iban á me-
ter tanto ruido!
Mozo 2. o Para mí, digo yo, ¿que si habrá sido que
hayan querido robar en el convento?
Mazo 1." No sería extraño; lo cierto es que ayer ro- '
barón del mesón los hábitos de un lego,
quizá para disfrazarse de fraile algún ladrón
y entrar mejor.
Mozo 2.0 O puede que haya entrao el demonio, como
hace seis años.
Mor..® (ai que rodean mozas y mozos.) ¡Quita, tonto! Si
io de entonces fué que decían las monjas
que dentro de la celda de la Superiora se
■oía ruido de cadenas, y estaban aterroriza-
das. Y como saben lo valiente que soy, me
mandaron llamar y fui. (pausa; atención en to-
-dos.) Era una noche obscura, como boca de
lobo, y llegué al convento, creyendo que
aquello del ruido de cadenas sería cuento.
Moza 1.« ¿Y era verdad?
Mol '^ ]Ya lo creo! Llego á la celda y oigo rúm...
rúm... un ruido de cadenas infernal que me-
tía miedo.
Todos ]Ave María Purísima!
MoL.t' Y yo, haciendo de tripas corazón, sigo el
ruido, que se iba corriendo por el pasillo, y
de pronto para el ruido y paro yo; hagt) la
señal de la cruz y... ¡aquí tengo la señal!
(señalándose uua pierna.)
Mozo l.t> ^;De qué?
Mol. o De un mordisco.
Moza 2 » ¿Del demonio?
MoL.o ¿Qué del demonio? ¡Del perro, que se había
soltao y andaba arrastrando la cadena, por
todo el convento!
Todos ¡Já! ¡já!
Mozo l.o ¡Ná! ¡Que las librasteis del susto! '
Mol. o ¡Ya lo creo, y me quedaron muy agradecidas!
Mozo 1.0 ¿Y qué, os dieron algo?
Mol. o Darme, no; sólo se empeñaron para obse-
quiarme en qne tomara un bocao; pero yo,
después del que me había dao el perro, no
estaba pa bocaos.
Mozo 3. o (Sale corriendo y muy sofocado por el camino que .s»
vé detrás del molino.) ¡Hola, tíO BrUllO, hola!...
(Abrazándose al Molinero.)
MüL.<^> ¿Pero qué te pasa?
Mozo t>.<> Pues... que... como he tenido que venir so](í
desde el pueblo, vengo asus+ao.
Mol.» ¿y por qué?
Mozo 3. o ¿Pues no sabéis lo que ocurre?
Todos (con gran curiosidad ) No; ¿qué?
Mozo o. o Pues que me he encontrado al tío Malastri-
pas, el cuadrillero...
Todos ¿Y qué?
Mozo 3. o Que me ha contao que anoche han entrao
en el convento dos criminales feroces, y que
lograron escapar, pero que deben andar por
estos contornos.
Mozo l.o ¿De modo que eran ladrones?
Mozo 3. o ¡Ladrones, y según el lio Malastripas, de los-
más terribles; pero como él los coja!...
Mol o Con lo valiente que es, los deshace, (nace mu-
tis la molinera por la derecha.)
Mozo l.o Conque nos vamos; hasta luego, tío Bruno,.
que volveremos por la harina.
Mol o ¡Id con Dios!
Mozo 3. o ¡Adiós; vamos todos juntos! (vase ei coro y
inQzos por la iz:iuierda.)
— 8j —
ESCENA II
El MOLINERO y la MOLINERA
-Mol. o (Llamando.) ¡Casilda!... (Pausa.) ¡Casilda!... (Pau-
sa.) [Pero Casilda!...
MuL.i^ (saliendo.) ¡Qué quieres, hombre, qué quieres!
MoL.o (Remedándola.) ¡Qué quieres, horabre, qué
quieres!... ¡Demonio de mujer! ¿Qué hacesV
Anda, anda, muele esos dos sacos, que yo
voy á llevar estos al granero.
MoL.íi ¡Bueno, bueno! (Entra en el molino llevando algu-
nos sacos.)
-Mol. o (Yéndose al granero con otro saco.) ¡Demonche!
¡Ladrones por estos contornos!... Pues hay
que andar con ojo. (Entra en la casa.)
ESCENA III
LACiíRDA y BARBERO por la izquierda; salen corriend»
Música
iÍARB. Aquí no nos ven,
por Dios, deícansad.
Í.1AC. Nos persigue...
Barb. (Asustado.) ¿Quién?
.Lac. ¡La fatalidad!
Barb. ¡Ahí
Lac. De mi Laura el recuerdo querido
al cabo vencido tendré que olvidar;
y al pensar en el bien ya perdido
el llanto mis ojos pretende nublar.
Barb. ¡Pues me voy á quedar divertido
como ahora este mozo empiece á Uorar!
J..\c. . Salgo con Laura, busco á Mendoza,
no encuentro á nadie, por más que busco,
¡qué decepciónl
— 86 -
De Laura el llanto mi alma destroza,.
¡qué desencanto!
Pues dejar teme
la reclusión.
Barb. Al oir el toque de la campana
de aquel maldito Demandadero
de Lucifer,
¡tan, tan, tan, tan!
sin darme cuenta de la sotana,
salté, di un grito, tomé el sendera
y eché á correr.
Lac. No ha de ver ella flaqueza en mí,
no desfallezco.
Barb. ¿No? Pues yo si.
(DesfaUecido y bostezando.)
Lac. Yo quisiera de nuevo al convento
en alas del viento por Laura volverr
.con valor y con fuerza me siento,
si tú me secundas, disponte á correr.
Barb. No me falta energía ni aliento,
mas yo no me siento si no es á comer
ÍjAC. Entre las sombras Laura se pierde,
¡destino impio!
- Que me seguía siempre creí...
Porque la sombra, ¡corazón mío!.,..
Ya vendrá día de que se acuerde
mucho de tí.
Barb. Muerto de hambre,
falto de aliento,
de aquel convento
de los demonios
más que de Dios,
salí con otros
dos padres, creo,
y de tres, veo
que hemos llegado
m
— 87 —
tan sólo dos.
¡De aquí no paso!
J.Ac. No alces la voz.
Earb. ¡Pero si tengo
un hambre atroz!
¡Ah!...
Lac. No alces la voz.
Bakb. ¡Ah!...
Hablado
Bark. ¡Qué noche, Dios mío, qué noche!
l.Ac:. ¡Horrible! Y la causa de nuestra desgracia
ha sido el no estar Mendoza con los caba-
llos, como nos prometió.
Baru. Es claro.
Íjac. Porque entonces hubiésemos huido y Laura
no habría tenido que volverse llorando á su
celda, viendo imposible nuestra fuga, y nos-
otros...
Barb. y nosotros no hubiéramos tenido que re-
mangarnos los hábitos y emprender tal ca-
rrera, ¡que me río yo de los corzos, cervatos
y cervatillos!
i.Ac. ¡Si aquel Demandadero armó un escándalo
espantoso!...
Bark- ¡y tan espantoso! Como que yo, al oir los
gritos y las campanas, sah escapado por la
huerta, y corre que corre, tropecé con la no-
ria, me aturdí, y sin saber lo que hacía, em-
piezo á dar vueltas á la noria, y si no llegáis
vos y me dais aquel pescozón y me enseñáis
. la puerta, me estoy allí dando vueltas toda
la noche... ¡y Dios sabe el agua que hubiera
sacado!...
Lac. y lo que siento es que no podamos quitar-
nos estos hábitos.
Barb. ¡Cal Ni pensarlo.
Lac. Conviene que sigamos pasando por frailes,
y que para ocultarnos pidamos hospitalida(í
en el molino.
Barb. ¡Y sobre todo que no caigamos en poder de
la Justicia!
Lac. Tú, si acaso, aunque veas ante tí veinte cua-
— 88 —
dnlleros con las espadas desnudas, \no te
entregues!
Barb. ¡Quiá! Yo no me entrego aunque me pongan
delante cien mil espadas; pero si me ponen
unas chuletas, me entrego á las chuletas... ¡y
rebaño el plato!
ESCENA IV
DICHr.S y el MOLINERO
Lac. ¡Chistl ¡Aquí sale un hombre; cuidado! Para
que no sospeche habíale en latín, (se caían la.
capucha )
Barh. Si yo no lo sé.
Lac. Pues es un compromiso, porque como yo
no lo he estudiado más que seis años, tam-
poco lo sé.
MoL.c (saie. Aparte.) ¡Frailes en mi casa! ¿Qué
querrán? (auo ) Padres, que el Señor sea con
todos, (saludando.)
Los DOS Amén.
MoL.t' Supongo que al deteneros en esta vuestra
casa, desearéis...
Lac. Descanso por algunos momentos, porque
venimos de mu}^ lejos.
Barb. y algún refrigerio por algunos momentos,
porque \enimos de muy lejos... ¡sin comer!
MoL.^' ¿Y de dónde venís?
Lac. De los desiertos, de convertir infieles.
Barb. ¡Y qué manera de predicar este padre!
Mol. o ¡Los habrá convertido á todos!
Barb. ¡Quiá! á ninguno; no veis que predicaba en
desierto...
Mol. o ¿Y ahora os volvéis al convento?
Barb (con ironía.) ¡Enseguidita!
Mol. o ¿Y de qué convento sois, padres?
Barb. ¡Hombre, vaya una pregunta! ¿De qué con-
vento somos?... (Aparte á Lacerda.) ¿De qué
convento somos?
]^AC, ¡Mostenses! ¿No os lo dice nuestro hábito?
Mol. o ¡Ah! sí, es verdad; pero como yo creí que
los mostenses eran descalzos...
— 81) —
Bark. Eso... era untes; sí, tenéis razón: antes eran
descalzos, pero entró en la Orden un padre
que había sido zapatero, y nos calzó á todos.
Mol. o Dispensad, no lo sabía. De modo que vues-
tro convento está...
3arb. Ahí..., todo derecho, y lo encontraréis á In
vuelta.
Mol f ¿A. la vuelta?... ¡Si no hay ningún conventft
de frailes en todos estos alrededores!
Barb. Digo, que todo derecho, y lo encontraréis á
la vuelta... de dos ó tres días.
Mol. o ¡Ah!
JÍarb. De modo que ya veis si tenemos prisa; con-
que si queréis darnos unas magritas.
Mol. o (Asombrado.) ¡Magritas en cuaresma!... ¿Pero
no ayunáis?
Barb. Eso era antes..., pero entró en el convento
un padre...
Mol. o Que había sido carnicero y...
Barb. Y justamente.
Mol. o Bien, pasad, pasad.
Barb. Vamos.
Mol. o (ai Barbero.) ¿Qué tenéis? Cojeáis un poco.
Barb. Sí, ha sido una barbaridad del herrador.
Mol. o ¿Qué?
Barb. Que... herró mal á la muía y me caí.
Lac. ¡Vamos!
Mol o Vamos. (Entran en el molino.)
ESCENA V
cuadrillero 1-" y CORO DE ÍDEM
(Sale el Cuadrillero seguido de cuatro ó cinco más,
muy sigilosamente. Los restantes saldrán cuando 1»
indique el cantable.)
Sfüsica
CuAD. y Coro
Toda la noche
vamos corriendo
sin que podamos
averiguar.
— 90 —
dónele se ocultan
esos bandidos
que á la Justicia
quieren burlar,
('uAD. ¡Chits, chits
por aquí, por aquí,
junto á mí, junto á mí.
Porque si solo me veo
me va á dar el gran temblor.
Coro Cumplir es nuestro deseo
la orden del corregidor.
CuAO. Para hacer frente •
á esos canallas
somos muy pocos.
Coro Tenéis razón
CuAD. De nuestra gente
aun faltan muchos.
( 'ORO Pero aquí llegan
(Salen más cuadrilleros.)
¡chits... precaución!
Coro Ya estamos todos
aquí dispuestos.
(JuAD. ¡Aun me parecen
pocos á mí!
Coro Si tropezamos
al íin con ellos...
(.'uAD. , Salimos todos
por pies de aquí.
Coro No hay que matarles,
sino prenderles,
todos con vida
deben quedar:
Y luego atarles
codo con codo.
CuAD. ¡Ni aun así el miedo
me ha de dejar!
Les cogéis por la cabeza.
Coro Y vos luego por los pies.
CuAD. No me atrevo por si empieza,
á largarme puntapiés.
Mis esfuerzos serán vanos.
Coro Es verdad, tenéis razón,
sujetadlos de las manos;
(.'uAD. Y me dan un bofetón.
9d —
Coro
CUAD.
Coro
CuAD.
Entre los muertos
contémonos.
¿Son ellos muchos?
¡¡Muchos!!... üjSon doslü
¡Oh!
Pues la lucha está empeñada;
lucharemos cada cual,
de hombre á hombre no va nada.
No va nada, no va nada
y va un miedo colosal.
* A xiii tieiiipo
Coro Si como dice
solo son dos,
de nuestras manos
líbrelos Dios.
CuAD. De sus hazañas
líbrenos Dios.
Coro Al enemigo
no hay que temer.
CuAi>. Contad conmigo
para correr.
Coro Pobres de ellos si se ocultan
como dicen, por aquí;
pobres de ellos.
CuAD. Pobres de ellcs
y también pobre de mí.
Todos Aunque alarde hacemos todos
de energía y de valor,
no nos deja dar un paso
este pertinaz temblor.
Aun cuando avanzar qu'^remo.s
no nos podemos mover,
pero en cambio bien podremos,
cuando toquen á correr.
C'uAi>. ¡Tened en cuenta
que ellos son dos!
■Coro
CuAi^,
A U.1X tiempo
Entre los muertos
cuéntelos Dios.
Entre los muertos
— 02 —
contémonos.
Todos jAh!
i^Corieu asustados y se reúnen en grnpo muy com-
pacto juntando espalda con esp:i!d:i al primer tiempo
(.leí último compás.)
IIab1?»do
CuAii. ¡Ah, del molino!
Mol o (Dentro.) ¿Qiiieu vá?
€uAD. Los cuadrilleros.
Mol ^ (saliendo.) ¿La justicia en mi casa?
CuAD. No temáis, maese Bruno; andamos en busca
de dos criminales que han intentado robar
esta noche en el convento, y (dándose impor-
tancia) estamos muy interesados en prender-
los, porque un señor marqués se lo ha supli-
cado al corregidor, y queríamos preguntaros
si esta noche pasada ha habido gente en el
molino.
MoL.<5 ¡No, nadie, nadie!... ¿De modo que esos cri-
minales?...
t.'uAD. (Pausadamente y ahuecando la voz.) ¡No SabemOS
quiénes son, pero sospeclio que sean los
mismos que el otro día entraron en un mo-
lino, cogieron al molinero y á la molinera y
les cortaron los cuatro pies!...
Mol. o ¡A cado uno, eh!
'CuAD. Sí señor, á cada uno le hicieron lo mismo.
Mol. o ¡Dios mío, qué horror!
CuAD. Además, considerad lo que querrían hacer
en el convento, que se han atrevido á entrar
vestidos de frailes.
Mol. o (Muy asustado.) ¿De... de... qué?
OuAD. ¡De frailes!
Mol. o ¡María Santísima!... De modo que... ¡Ay,
Dios mío!...
CuAD. ¡Pero no os asustéis, hombre!
Mol. o (Con miedo creciente.) Es... CS... qUe...
CuAD. ¡Já, ja! ¡Cómo tiembla! ¡Es claro, la falta
de costumbre de trabajar con esos mons-
truos!...
Todos ¡Já, já!
— 93 —
MoT." Y decidme, ¿e... e... esos cri... cri... cri... cri-
minales, qué señas tienen?
CuAD. Fues nos han dicho que uno cojea.
M0L.<^» -(Horrorizado.) ¡A_y! DioS míO, SÍ, SÍ...
CuA». ¡Qué cobarde! ¡Pero veis cómo tiembla! ¡Ja,
já! (Todos ríen.)
Mol o ]Si es que esos criioinales están, dentro del
molino!!...
CüAD. I ¡Ah!... (En el colmo del terror corren y se atrope-
CoRO I lian, quedando agrupados lejos del molino, en actitud
ridiculamente cobarde, distiaguieudose entre todos et
Cuadrillero 1.°)
Moi,.^> (ai Cuadrillero 1.°) ¿Pcro, qué OS pasa?
CuAD. De modo que... que decís... que están...
Mol. o ¡Están (Le coge de la mano.) aqUÍ! (Queriendo lle-
varlo al molino.)
CüAD. (Huyendo.) ¡Bueiio, hombre, bueno! '¿Y creéis-
que efectivamente son los criminales?...
Mol <> Yo, como decís que van vestidos de frailes...
CuAD. Sí, pero bien pueden ser estos frailes ver-
daderos.
Todos Es claro.
Citad. Vamos á ver, vamos á ver, ¿qué han hecho?
Mol o Lo primero, pedir de comer.
CüAD. ¡Frailes!
MoL.o Pero observé que se ponían á comer sin
echar la bendición.
CuAD. ¡Diablo! No son frailes.
Mol o ¡y se lo comieron todo y rebañaron el plato!
CuAD. ¡Frailes, frailes!
Moi-.o Pero aunque procuraron cubrirse, observé
que no tenían cerquillo ni coronilla.
Cu.'nD. Pues no digáis más.
Mol.^ ¡y ahora recuerdo que no sabían deciraie
dónde estaba el convento!
CüAD. Son ellos, no hay duda. ¡Mucho cuidado^
compañeros!
MoL.o ¡Por Dios, y mi mujer que está dentro con
ellos!...
Cl'ad. ¿y cómo no sale?
Mol o ¡Le habrán cortao ya los pies!...
CUAÜ. (siempre quedándose atrás.) ¡BuenO, Compañe-
ros, ahí están!... Con que adentro, (van pa-
sando los cuadrilleros.)
— 9i —
'^roDOS Vamos.
MüL.o Es que yo...
C'UAD. No tengciis miedo. ¡A ellos!
Mol. o ¡Pues á ellos... son á los que tengo miedo!
l'üAD. ¡Pasad!
MOL,*^ Vos primero. (Empujándose el uno al otro por
quedarse el último )
<\iAD. Ño, porque quiero guardaros las espaldas.
(l.e empuja y entra el último. Música durante el mutis.)
ESCENA VI
1,ACERD.\. Al entrar los últimos cuadrilleros, asoma por eneim».
de los. peñascos de la casciida con los manteos al brazo, y dice
i Imposible avisar al otro; la situación se ha-
t^e insostenible; corro al convento y que de
una vez termine tanto sufrir! Vase.)
MIJTAClO]¥
CUADRO OCTAVO
Telón corto de casa blanca, que figura la despensa del molino. Dos
laterales derecha é izquierda con puerta. Se ven jamones, frutas,
etcétera; colgadas, orzas, tinajas, etc. Colgados en la puerta ix-
quierda un jamón, dos botas de vino y una cesta.
ESCENA PRIMERA
BARBERO, por la derecha
¡Dios míol Hemos oído ruido extraordinario,
así como si entrara mucha gente en el mo-
lino; el señor Lacerda echó á correr por un
lado y yo por otro, y subiendo á escape la
escalera me he metido en ésta, que es la
última habitación de la casa. ¡Tengo un
miedo y un hambre!... ¡Yo voy á tener un
mal encuentro!... ¿Qué es esto? (ai ver ei ja-
món.) ¡Un jamón! Pues no es tan malo. ¡Ca!
lie, y aquí una bota de vino... y aquí otra!
— 9o —
(Las coge.) ¡Cualquiera es fraile descalzo con
este par de botas!... ¡Y una cesta!... ¿Qué
habrá? (Descuelga la cesta y la registra.) ¡BoUoS,
mantecadas! (se guarda algunas.) Y ahora... (Va
á echar un trago y dice.) Me parece que el ruido
se acerca; me meteré en esa otra habitación.
(Vase llevándose una bota de vino y varias maatecíi-
das y el jamón, dejando en mitad de la escena l.t
otra bota y la ce.sta. Entra por la puerta izquierda y
cierra.)
ESCENA II
MOLINERO y CUADRILLERO. Abren la puerta derecha y entran
con cautela
Mol. o (viendo la bota y la cesta.) ¡Mirad, mirad, ya me
han robado!... ¿Os convencéis?
CuAu. ¡Chist!
Todos ¡Chist!... (Desnudando las espadas.)
Clad. ¡Compañeros, el otro criminal ha huido!...
xVloL.^ Bajad la voz.
Chad. Y á este ha}- que prenderle.
ToDo.s Eso.
MoL.t» \Y el ladrón ha bebido también!
OUA >. ¿Qué es esto? (Por la bota.)
Mo: .'-> Vino añejo.
•OuAD. A ver. (Bebe.) ¡Es verdad; la justicia necesita
pruebas! Ahora es preciso que veamos lo
que hace ahí dentro.
Mol. o Y"o miraré por la cerradura. (ei Molinero se
agacha y mira por la cerradura; los cuadrilleros s«
agrupan junto á la misma puerta; el Cuadrillero 1.'^
con la bota y la cesta en las manos.)
MoL.t' Come.
Coro ¡Come!
<JlaD. ¡Bueno! (comiendo uu bollo.)
Mol, o (Mirando.) Bebe.
<JoR0 ¡Bebe!
€uAr.. Ya voy. (Bebe.)
MoL.<J ¡Que sale, que sale I... (corren todos, ios cuadri- '
lleros, dejando encerrados al Molinero y Cuadrille-
ro 1.* que pugnan por salir.)
— 96 —
CyAD. ¡Nos han encerrado!
MóL o Protegadme, tened valor.
CuAD. ¡Haré un esfuerzo!
ESCENA III
^ DICHOS y el BARBERO, aterrado
Barb. (saliendo.) (¡Cascaras! ¡La justicia en el moli-
no! ¡Aquí me muelen! Yo voy á ver si esca-
po.) (Alto.) ¡Hermanos, per omniam sécula!...
MoL.<^ ¡Narices! (Este y el Cuadrillero quedau como pega-
dos á la puerta de la derecha, dando muestras de un
miedo exageradamente cómico, durante toda la es-
cena.)
Barb. (¡Caracoles, no me creenl) ^
Mol. o ¡Cuidado que oculta uu arma detrás! (Por ei
jamón qne lleva en la mano.)
CuAD. ¡Es verdad!... ¡Alto! (con la espada desnuda )
¡Entregaos!... ¡Lo sabemos todo!...
Barb.^ (Me han descubierto.) Pues, señores; yo .
(Acercándose.)
CuAD. ¡Atrás!!. . ¡Vos no sois fraile, confesad!...
Barb. . No, señor; no soy fraile, la verdad.
CuAD. ¿Y os habéis puesto esos hábitos para en-
trar en el convento?
Barb. No, señor; para salir.
CuAD. ¡Pero habéis entrado á robar!
Barb. Sí. Pero el que iba á robar era mi compa-
ñero. "^
CuAD. ¡Ese se nos ha escapado!
B.^iRB. ¿Se ha escapado? (Me alegro.)
CuAD- ¿Y por dónde habéis entrado en el con-
vento?
Barb. Por el tejado.
Mol. o ¡Qué bruto!
CuAD. ¡Sois un miserable, tan cínico como todos
los de vuestro oficio!...
Barb. ¿Mi oficio?... ¡Ah! Pero, ¿sabéis qué oficia
tengo?
Clad. ;Lo sabemos todo! ¿Y habréis entrado á
ejercerlo en el convento?
Barb. ¡Quiá, hombre; si hubieran sido frailes, ya
- 97 -
lo creo que los arreglo! ¡Una vez llegué á un
convento y en un minuto dejé á la comuni-
dad tan mondadita!... (Horror en los otros.) El
único que se quejó, porque echó una gotita
de sangre, fué el prior; pero yo una vez con
la navaja en la mano... ¡vengan á mí hom-
bres barbudos!
Mol. o ¡Qué horror!
CuAD. ¡Callad, callad!...
Barb. Nada, que cuando cojo á un hombre así por
las narices, (como si afeitara ) v abro la navaja
y empiezo rís, ras, rís, ras... ¡no dice a}'!
Los DOS ¡¡Ayü...
Barb. Y es que como empiezo por la nuez...
CuAD. ¡Basta; soltad esa arma para que os aten!...
Barb. ¿A mí?... ¿atarme á mí?... ¡De ninguna ma-
nera! (Sacaudo el jamóu.)
CuAD. ¡Es un trabuco!
Mol. o ¡Es un jamón!
Cuad. ¡Favor al rey!
Mol. o ¡Favor al jamón! (Entran todos.)
Barb. ¡María Santísima, cuánta gente!
Todos ¡A él, á éll
Barb . Pero, señores, por Dios, que yo no soy cri-
minal. Yo diré quién soy. (Los ruadrillens se
arrojan sobre él.)
ESCENA IV
DICHOS, EL MAYORDOMO y CORO GENERAL
May.
¡Deteneos, señores!
Cuad.
¿Quién sois vos?
May.
El Mayordomo del señor Marqués de la
Crin.
Cuad.
May.
¿Y qué queréis?
Llevarme á ese hombre.
Barb.
¿A mí?
Cuad.
Ese hombre es un ladrón.
May.
¡Ese hombre es el sobrino -del señor Mar-
Todos
qués!
(Asombrados.) ¡Oh!
— 98
Mol o
Barb.
MoL.o
Barb.
May.
Barb.
CUAOS.
Mozos
Mozas
Mol. o
CUADS.
Mozos
Mozas
laiisicn
¿Pues no sois padre?
¿Padre de quién?
Por lo que veo
padre mostén.
Pues no veis bien.
Vos sois Lacerda.
¡Por compasión,
no hagáis que pierda
más la razón!
Es un bribón.
No es un bribón.
Si es un marqués
y no un ladrón,
¿con qué interés
guarda el jamón?
¡Chitón, chitónl
iChitón, chitón!
May,
Barb.
May.
Cuads,
Mozos
Mozas
Barb.
May.
Barb.
Cuads.
Mozos
Mozas
May.
¿No sois vos quien del convento
se fugó con doña Laura,
que os absorbe el pensamiento
y os consuela con su amor?
No, señor.
Sí, señor.
No, señor.
Sí, Señor.
Yo he salido del convento
no con una señorita,
sino con un señorito
porque fué mi salvador.
No, señor.
Sí, señor.
No, señor.
Sí, señor
De escapar buscáis camino,
pero os reconozco al fin
- 99 ^
TODC'S
May.
MAy.
Mozos
Mozas
MOL.O
CUADS.
May.
Coro
CuADS,
Barb.
CüADS.
MOL.^
í May.
Coro
por sobrino del Marqués
de la Crin.
¡De la Crin, de la Crin!
Que dé algunos pasos
(Le obliga á dar algunos pasos.)
para que yo vea,
y al fin me cerciore
del pié que cojea.
Una, dos, tres, (cojeando )
aunque no quiera
decir quién es,
una dos y tres,
esa cojera
es de un marqués.
Una, dos y tres, (cojeando )
si á decir fuera
yo mi opinión,
una, dos y tres,
esa cojera
es de un ladrón.
Es de un marqués.
Es de un ladrón.
Una, dos y tres,
todos me miran
con interés;
una, dos y tres,
pero los palos
vendrán después.
Es un ladrón.
Es un marqués.
Todos
Cuads.
Señor Marqués, (saludando.
señor Marqués,
una, dos, tres
hasta después.
Con Dios vaya si no es
como creo un malandrín,
el sobrino del Marqués
- 100 —
(le la Crin.
Todos ¡De la Crin, de la Crin!
Barb. ¡Yo un Lacérela, yo un la Crin,
yo sobrino de un marqués!
¡Válgame San Valentín,
San Cenón y San Ginés!
CuADS. Visto de distintos modos
no aparece criminal;
nos equivocamos todos,
cosa, al fin, muy natural.
Barb. ) ^x,, me , i i. -i
p I ¡Valgan, los santos todos
de la Corte celestial!
Todos Una, dos y tres, (cojeando.)
¡Señor Marqués! (saiudaiuio.)
May. ¡Señor Marqués! (uiem.)
Barb. ¡Pero este dómine
qué bruto es!
Todos ¡Señor Marqués! etc.
(V)inse por la derecha)
MUTAcao.:^
CUADRO NOVENO
Decoración. Huerta del convento. En ol laleral izquierda, _fachada
del convento; nna puerta en primer término con gradas. Kn el
lateral derecha tapia con una puerta. Un pozo en segando tér-
mino izquierda. Al foro, telón de huerta. Árboles, flores, etc.
ESCENA PRIMERA
El DEMANDADERO y LACERDA, que sale por la puerta de la tapia
Lac.
Dei\i.
Lac.
Dem.
¡Eh, amigo! Oidme un momento.
Servidor vuestro; ¿qué queréis?
Quiero que inmetliatamente me hagáis ver
á la Superiora y al marqués de La Crin y á
la señorita Laura. Hacedlo pronto y no os
pesará. ¡Vamos, vamo?!
Aguardad, aguardad. La madre Abadesa y
el señor Marqués es difícil que os reciban.
- 101 —
pues no están para visitas; y en cuanto á la
señorita Laura, es más difícil todavía, pues
está bajo la inmediata inspección de la Su-
periora, porque anoche ha estado á punto
de fugarse del convento con un granuja.
LaC. (Con ira contenida.) ¿CÓmO UU granuja?...
Dem. sí, señor; el pillo del sobrino del Marqués.
Lac. [Ese sobrino!... \
Dem. ¡Ese sobrino es un sin vergüenza, creedme!
Lac. ¡Callad, imbécil, y llevadme ante la Supe-
riora pronto!
Dem. Pues vamos allá; ya veréis vos cómo os las
componéis, (vanse por la puerta izquierda.)
ESCENA II
El MARQUÉS, el MAYORDOMO, luego el BARBERO y Cuadrillero
por la derecha
Marq. Conque contadme, contadme todo, (saliendo.)
May. Pues nada, señor Marqués; que tras muchas
fatigas di con vuestro sobrino, que se ocul-
taba en un molino, y aquí le traen ya. (Entra
el Barbero acompañado de los cuadrilleros.) Ahora
le mato, le confundo, y el primer palo no
hay quién se lo quite. ¡Granuja! (ai Barbero.)
¡De rodillas! (se arrodilla.) ¡Y toma, bribón!
(Le da un palo.)
Barb. ¡Ay! ¡Ay!
CuAD. -- ¡Silencio!
Marq. ¡Habla, sobrino desnaturalizado! ¡Levanta
esos ojos, descubre esa cara, y di qué has
hecho de Laura!
Barb. Yo, nada. (Quitándose la capuclia.)
Marq. (Asombrado.) ¡Ah!... ¡Cáscaras!
mT.^'"^ j¿Qiiéospasa?
Marq. ¡Que no es mi sobrino!
May. (Estupefacto.) ¿Que no?...
Marq. ¡Pues claro, imbécil!
Barb. Si ya se lo dije yo, señor Marqués, que no
era pariente de vuecencia.
■ ^ 10^ —
CuAD, Y yo también se lo dije... porque á éste le
conozco yo.
Barb, El señor me conoce y dirá quién soy.
Marq. ¿y quién es? '
CuAD. ¡Un terrible criminal que ha matado mucha
gente!
Barb. ¡Mentira! ¡No, no!
Marq. (Huyendo.) ¿Y por qué me traéis ese bicho?
¡Atadle, atadle! (Le atan.)
Barb. ¡Señores, por Dios! ¡Que yo no soy criminal!
CuAD. ¿Y qué hicisteis con aquella comunidad?...
Barb. ¡Afeitarla!
ESCENA ULTIMA
DICHOS, la SUPERIORA, DEMANDADERO, iuego LAURA, LACER-
DA, monjas y educandas. Todos salen por el convento
Sup. Señor Marqués, haced que desaten á ese
pobre hombre.
Dem. (ai verle) ¡Cielos!... ¡El de los disciplinazos!
(Huye.)
Barb. Sí; y el barbero á quien delatasteis al cape-
llán, tío de mi novia; (Le da un puntapié.) y
por este bribón entré en el convento, y en-
contré á vuestro sobrino que me pidió ayu-
da para escaparse con la señorita Laura.
Marq. ¿Y dónde está ella?
Barb. Aquí quedó.
Marq. ¿Aquí?... (Asombrado.)
Sup. Sí, Marqués; yo os lo oculté hasta que se
calmara vuestro enojo; pero Laura y Fer-
nando, que vino luego implorando mi ayu-
da, desean vuestro perdón.
Marq. ¡El también!
Lac^^ ^ ¡(Saliendo.) ¡Sí, tío; perdón!
Marq. ¡Ellos!... ¡Ah! (cayendo sobre el Barbero.)
SüP. ¡Se ha desmayado el Marqués!
Barb. ¡Que se me cae La Crin! ¡Ayudadme!
Marq. ¡Ah!... ¿Con que no habían huido?
Laura No, tío; pero yo sin él no seré feliz.
Lac. Y yo sin ella... (Saleu las educandas y monjas.)
— 103' —
Marq. Puesto que el cielo lo permite, ¡casaos! ( Me
he lucido.) Volveré á ser vuestro padre.
SUP. (a Laura y Lacerda.; ¡DioS OS hará felices!
Barb. ¡Que sea enhorabuena!
Lac. Gracias; serás mi barbero y el de mi tío, y
le hablaré al capellán en favor tuyo.
Barb. ¡Qué situación para un barbero!... ¡Entre La-
cerda y La Crin me hago rico!...
Aliksic»
A un. tiempo,
Laura y \ No más clausura,
Lac. j mi bien amado,
dicha y ventura
ven) ^g^^^^'-
¡Luciente aurora,
sueño doradOj
con quien me adora
voy al altar!
Barb. Un personaje
me considero,
y no un barbero
vulgar y ruin;
su rapabarbas
hoy me ha nombrado,
todo un Lacerda,
todo un La Crin.
May. Aunque ée encuentra
mu}'' achacoso,
darle otro esposo
llora el marqués.
¡Suerte traidora!
Pero más vale
que llore ahora
que no después,
— 104 —
Marq. ¡Tanta ternura
me ha conniovidol
Si con locura
se aman los dos,
que no se diga
que fui tirano:
¡Que los bendiga
desde ahora Dios!
Ellas ¡Ah!
¡Dichosa ella,
que ha conseguido
con un marido
Coro { saHr de aquí!
Ellos ¡Quién una esposa,
joven y hermosa,
tener pudiera
también así!
FIN
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MADRID
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lle del Principe, 14; de los Sres. Simón y C*, calle de las Infan-
tas, 18, y del Sr. Escribano, plaza del Ángel, ?.
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